Ecos de AEW Double or Nothing 2026 | El diablo en los detalles

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27-05-2026
Hora de analizar todo lo que dio de sí Double or Nothing 2026, el más reciente PPV de AEW, celebrado el pasado domingo 24 de mayo.

«Pienso que estuvo entre los mejores [eventos de pago por visión que ha hecho AEW]. Los primeros dos combates fueron probablemente los mejores dos primeros combates que he visto en un PPV de AEW. Hubo muchos grandes combates. Hubo seis que fueron casi de otro mundo. Un público fantástico. Fue un show impresionante. Hacen los mejores shows que he visto de manera consistente. Podría decir algunos grandes shows en el Tokyo Dome que estarían a la par, pero no hay nadie que los hiciera mes a mes».

Estas palabras de Dave Meltzer vía Wrestling Observer Radio me sirven de introducción a lo que será una particular contracrónica de Double or Nothing 2026. Si quieren leer otra típica

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review que refuerce su parecer, les aviso: no la encontrarán aquí.

Reddit: DrewQuinz

Sobre el papel, como barajé en mi previo, Double or Nothing 2026 apuntaba maneras para superar a Double or Nothing 2025, considerado uno de los mejores shows producidos por AEW en su historia. Y de forma unánime, la comunidad luchística parece estimar que no sólo superó a su edición previa, sino que podría situarse en el particular Top 1 de la casa Élite.

Meltzer elogia ese encuentro inicial donde Adam Copeland y Christian Cage derrotaron a FTR, ganando el Campeonato Mundial de Parejas AEW y manteniendo vivo su tándem luchístico. Así, a bote pronto, me salen cuanto menos media docena de «openers» mejores, y sin irme demasiado atrás en el tiempo: The Young Bucks vs. Kazuchika Okada y Konosuke Takeshita (Dynasty 2026), Okada vs. Takeshita (Worlds End 2025), FTR vs. JetSpeed (WrestleDream 2025), Mercedes Moné vs. Jamie Hayter (Double or Nothing 2025), Will Ospreay vs. Kevin Knight (Dynasty 2025)

, «Hangman» Page vs. MJF (Revolution 2025)

No es plato de mi gusto el tono novelesco que suele envolver a las luchas de Copeland, del que todos se contagian, tanto FTR como Cage. Entre esto y las limitaciones impuestas por la Comisión Atlética de New York, me dio la impresión de ver un combate «made in WWE«. Si bien Copeland y Cage propiciarán una buena taquilla en All In —con un encuentro donde se rumorea Austin Creed y Kofi serían partícipes—, el panorama «tag team» de AEW necesita renovarse, cuando tanto se elogia la baja media de edad de las principales estrellas que componen la compañía.

También apuntado en mi previo, la revancha entre Okada y Takeshita guardaba potencial para convertirse en la favorita de la noche. Sin embargo, ciertos detalles me chirriaron. Empezando por la intervención de Don Callis. Durante semanas, se nos vendió la idea de que el malvado mánager tenía preferencia hacia Okada y que acabaría dándole la espalda a Takeshita. ¿No habría sido más lógico, bajo tal narrativa, que Callis hubiera hecho la vista gorda en el intento de Okada por defenestrar a Takeshita con su Martinete fuera del ring? Asimismo, esto hizo que a la postre, la victoria de «The Alpha» luciera un tanto falta de rotundidad, pues aquel momento pudo cambiar el sino del combate en favor de Okada.

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Sí, Callis y toda su «familia» acabaron dándole la espalda a Takeshita. Incluso Kyle Fletcher, en un movimiento que se antojó forzado. La coherencia, con el recuerdo de lo sucedido durante el último Continental Classic, invitaba a pensar que «The Protostar» se pondría de parte de Takeshita. Y AEW optó por el efectismo. Las vueltas de tuerca no hacen necesariamente mejor una historia.

Desconozco a qué seis combates concretos, que califica «casi de otro mundo», alude Meltzer en su impresión sobre Double or Nothing 2026. Porque a un servidor no le salen las cuentas.

De nuevo, el aporte femenil se sintió ligero en comparación al varonil. Aunque esta vez hubo dos puntos que llevarse a la boca, ninguno fue tratado con verdadera relevancia (visible en el posicionamiento dentro del cartel) tal vez en parte por sus previsibles resultados:

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Athena estará en semifinales de la Owen Hart Cup y Thekla retuvo el Campeonato Mundial Femenil AEW. Este último con tibia recepción por parte del público, parece que a la espera de un regreso de Mercedes Moné que no se produjo. Y no exento tampoco de ilógica en su desarrollo, cuando Hikaru Shida y Kris Statlander colaboraron durante parte de su desarrollo, luego de que en el más reciente Dynamite la segunda pusiera en aviso a la primera de que la alianza entre ellas había terminado.

Otro de los resultados previsibles era el de Samoa Joe vs. Will Ospreay. Buen punto para abrir la Owen Hart Cup varonil, mi pero no se sitúa sobre la lucha en sí, sino sobre el arco que protagoniza Ospreay. Según nos vende AEW, gracias a la particular mentoría de Jon Moxley y los Death Riders, «The Assassin» está adaptando su forma de luchar tras superar aquella lesión de cuello que lo tuvo inactivo casi siete meses, pues supuestamente, el estilo aéreo que lo caracterizaba ya no puede tener cabida (el propio Ospreay aseguró

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en entrevista reciente haber desechado el Shooting Star Press). Sin embargo, durante su duelo con Joe, por ejecutar, hasta ejecutó el Sasuke Special. La única diferencia entre el Ospreay pre-lesión y el actual es que ahora ha integrado en su repertorio el Juji-Gatame. Un movimiento que no le dio la victoria. Ospreay se impuso tras su patentada Hidden Blade, que emplea desde hace más de un lustro.

Hablando de Moxley, su defensa del Campeonato Continental ante Kyle O’Reilly contuvo detalles interesantes, pero por sacar punta un servidor, la estipulación «no time limit» fue meramente ornamental, pues el combate se quedó en 18 minutos. ¿Para qué extender tal margen entonces? Parafraseando el principio del «Arma de Chéjov», si introduces un elemento narrativo, debes darle uso.

Asimismo, flaco favor le hizo un segundo añadido: el de Jim Ross como comentarista especial. Es plausible que AEW siga mostrándole sus respetos con intervenciones esporádicas, pero por muy triste que resulte, hasta las leyendas claudican. JR no supo recordar quién enfrentaba a Moxley (

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Nigel McGuinness hizo el salve), apuntó que los Death Riders se encontraban ausentes (cuando las luchas adscritas al Continental Classic y su campeonato prohíben la presencia de cualquier persona en ringside) y proclamó que había «nuevo campeón» (antes de que Excalibur lo corrigiera).

Y luego, el combate estelar. Como comenté, su resultado era lo de menos, y quien juzgue este punto en base a ello, simplemente revelará sus preferencias personales hacia uno de los protagonistas. Ningún reinado en la lucha libre «mainstream» se ha hecho tan memorable en tan poco tiempo como el de Darby Allin. Desde el inicio, AEW pareció ponerle fecha de caducidad, confirmándose el domingo que fue una consolación glorificada. Tony Khan quiso premiar el amor y la fidelidad de Allin hacia AEW propiciando, de paso, que MJF, verdadero «main character» de la empresa, se coronara por tercera vez campeón mundial. La interacción de Allin con Mick Foley durante el «Buy In», tan simbólica como irónicamente agorera.

Con todo, supo a poco, considerando las siete defensas anteriores de Allin y considerando que esta se daba en un PPV. Otra vez, las limitaciones por cortesía de la Comisión Atlética de New York jugaron su papel, y aunque Allin cayó de muy malas maneras en varios «spots», la sangre habría otorgado un plus de dramatismo definitivo para mostrarnos la violencia que MJF estaba dispuesto a ejercer, ante el ansia de recuperar su «Triple B» y el temor a perder su cuero cabelludo. AEW no escenificó de manera consistente el estado de Allin durante estas últimas semanas, quien debió llegar al combate arrastrando un desgaste más explícito.

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Si el objetivo consistía en decirnos que la derrota de Allin fue consecuencia de su filosofía de vida «til the wheels fall off», se logró a medias. Cualquier espectador ignorante de esos precedentes contra Tommaso Ciampa, PAC y Cía pudo pensar que se trataba de la primera defensa de Allin.

Como epílogo, Kevin Knight acaparó miradas por su «heel turn», disponiendo nueva rivalidad, en otra vuelta de tuerca innecesaria, que habría tenido mayor impacto ubicada en el próximo Dynamite. ¿Acaso no era ya suficiente acontecimiento toda la batalla que minutos antes se había conjuntado y su resultado para el devenir de AEW?

© All Elite Wrestling

Las reviews que ha tenido Double or Nothing 2026 se antojan un tanto hiperbólicas a ojos de alguien que escudriña el producto desde sus inicios. No obstante, entendibles, pues tal vez muchas provengan de nuevos seguidores movidos por el creciente desencanto hacia WWE. También se me abriría el cielo si pasara de WrestleMania 42 a la exhibición de lucha libre que ofreció AEW este pasado domingo.

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