WWE o AEW: eligiendo no elegir
El siglo XXI, especialmente a raíz de la incorporación de las redes sociales a nuestras vidas, está suponiendo el siglo del tribalismo en numerosos ámbitos. Incluso en el ámbito del arte, cuando décadas atrás era impensable, acaso carne de distópico chascarrillo, que defensores de ciertos «universos cinematográficos» hicieran campaña contra una nueva adaptación de un personaje ficticio, como ha sucedido este verano con Superman.
Pero para quienes también nos apasiona otro tipo de arte, el luchístico, los tribalismos llevan tiempo siendo parte de nuestras vidas.
Sólo cabe recordar aquellas «Monday Night Wars», cuando lo más parecido a X (Twitter) que tenían los seguidores eran primigenios foros donde incluso algunos luchadores y personalidades de la industria participaban, y no siempre de manera anónima (caso de
Entonces se trataba de WWE contra WCW, y ahora el enfrentamiento es entre WWE y AEW. Y en estos días tal pugna llega a niveles inéditos, por la noticia de que Wrestlepalooza y All Out 2025 se emitirán el mismo 20 de septiembre (aunque ya no a la misma hora, como supimos el miércoles), pues nunca antes un evento premium adscrito al elenco principal de WWE había coincidido con un PPV de la casa Élite.
►De monopolio a duopolio
No voy a esconderlo. Un buen periodista debe ser siempre objetivo, y al mismo tiempo, nunca imparcial. Y desde esta posición que me ofrece SUPERLUCHAS, en línea con (valga la redundancia) la línea editorial de nuestro medio, mi simpatía hacia AEW, en oposición a mi cada vez mayor creciente animadversión hacia WWE, ha sido bastante cristalina durante los últimos años. Tanto, que meses atrás, consideré vía artículo que el bloque AEW/
Y sigo creyéndolo. AEW simboliza una manera de entender la lucha libre con la que me siento identificado, amén de per se, constituir una necesaria oposición al imperialismo que practica WWE, otorgando salud a la industria del pancracio durante el último lustro mediante un producto de calidad en el ámbito «mainstream». Sin AEW, actualmente el panorama luciría bastante más monopolizado de lo que ya luce, y de resultas, bastante más aburrido.
El problema está en que mientras ese monopolio de WWE se topa con la existencia de AEW, algo a priori positivo, todo parece encaminarse hacia un duopolio, impulsado por el actual tribalismo de las redes sociales. Aunque el seguidor de AEW debería mostrar una visión aperturista y conciliadora (en oposición al de WWE), a menudo dicha actitud brilla por su ausencia, en una preocupante dinámica que observo de un tiempo a esta parte, tal vez fruto de que la empresa cada día demande un mayor proselitismo en pos de
Y es que asimismo, poco ayudan a mejorar mi percepción ciertos movimientos de AEW, visibles durante el fin de semana de Forbidden Door 2025, en buena parte detonantes de la elaboración de este artículo. Uno no pudo hacer otra cosa que arquear la ceja al ver cómo los dos shows de aniversario de RevPro, por momentos, parecían un episodio de Dynamite o Collision, o cómo Nyla Rose conquistaba el Campeonato EVE, luego de que Kris Statlander hiciera lo propio con el Campeonato Internacional EVE dos meses atrás. Podría esgrimirse que gracias a ello, hoy RevPro e EVE gozan de importante popularidad —en especial la segunda—, pero ninguna promotora multimillonaria forja una alianza con una promotora de menor envergadura por amor al arte. No, tampoco AEW.
Si Gabe Kidd o Hechicero, exponiendo dos ejemplos recientes que atañen a dos casas de primer nivel (NJPW y el CMLL) ya han sido «captados» por AEW, más pronto o más tarde varias de las principales figuras adscritas a RevPro e EVE correrán la misma suerte
► Las terceras vías
Allá por los 90, muy limitadas alternativas existían para un seguidor medio de lucha libre fuera del ámbito de WWE y WCW, obviando que viviera en México o Japón, claro está. Quien aquí escribe tuvo la suerte de contar en aquella época con un generoso servicio de televisión por cable donde además de WCW vía TNT y DSF (cadena deportiva alemana), era posible seguir de cerca el CMLL y
30 años atrás, ser «indie» estaba al alcance de pocos. Hoy, con una suscripción a TrillerTV, medio de seguimiento de los shows semanales de AEW para quienes no residen en EE.UU., puedes aficionarte a casas como wXw, PROGRESS, GCW o Insane Championship Wrestling. Y TrillerTV supone la plataforma más «mainstream» de las que componen el mundo luchístico.
Para que este artículo no se convierta en una «guía para dummies», mencionaré, por encima de todas, Wrestle Universe, pues por $10, da cabida a NOAH, TJPW, DDT, Sendai Girls o Marigold, entre otras empresas niponas de primer nivel. Sin desmerecer la oferta de IndependentWrestling.tv por un precio similar, con Zona 23, GALLI, Beyond Wrestling o St. Louis Anarchy, entre otras (muchas). Obviando, claro está, las promotoras que tienen servicio propio, caso de RevPro (RevPro OnDemand), DEADLOCK Pro-Wrestling (DPW On Demand) así como las que lo hacen a través de YouTube, caso de
Si no he incluido en mi repaso de plataformas a NJPW o el CMLL es porque sobre el papel, no se adscriben a la categoría de «indies». Sin embargo, en el nuevo statu quo donde WWE y AEW se sitúan muy por encima del resto, en la práctica, el «King of Sports» y «la Seria y Estable» lucen como alternativas, al modo de ROH a mediados de la pasada década.
Y es que tres años y medio después, observando el estado de abandono que sufre la casa del honor (quien siga sus shows semanales me entenderá), aquella sonada compra parece sólo fue un estratégico movimiento en contra de los intereses de WWE. Los acérrimos defensores de AEW dirán que mejor una ROH viva que una ROH muerta, y que cada tantos meses el producto nos deja un buen PPV. Pero quien de verdad se considere seguidor de aquella ROH que definió la lucha independiente de EE.UU. en el presente siglo, seguramente no piense lo mismo. A fin de cuentas, Tony Khan no hizo otra cosa que absorber a la competencia, luego de desarmarla tras el fichaje de
La importancia de lo alternativo se hace vital en el contexto luchístico de 2025. Y no sólo ya por las sempiternas ansias expansionistas de WWE, sino también por el meteórico ascenso de AEW, que aunque muestra bastante más voluntad colaborativa con el resto de la industria, inevitablemente acaba ejerciendo una praxis depredatoria, como si fuera imposible crecer sin hacerlo a costa del resto.
WWE ID: la hora de la independencia