La incómoda realidad de la lucha libre independiente

Anuncio
20-11-2025
2026 se presenta como un año interesante en cuanto a dilucidar cuál es el estado de una industria luchística que acusa el duopolio WWE-AEW.

Días atrás, suscitó bastante controversia entre la comunidad luchística española cierto comentario del usuario @mutobetioe en X, quien instaba a promotoras y talentos a que buscasen un sello propio.

Pero antes de convenir que la lucha libre española está o no carente de identidad, deberíamos preguntarnos, de primeras, si hoy día alguna escena tiene verdadera identidad.

Anuncio

► Estilo, quimera en globalización

El «indie wrestling» germinó durante la época de los territorios de NWA, con el propósito de ofrecer una vía alternativa, a través de promotoras conocidas como «outlaws» por operar fuera del sistema. Y ya tras 1989, con la célebre declaración de WWE ante la justicia de que la lucha libre era un arte performativo, esta disciplina se desregularizó, propiciando un mayor «amateurismo» y así, el surgimiento definitivo de todo un circuito propio, impulsado ya en el presente siglo por internet.

Lo «independiente» es en muchos casos, eso, un término que cabe entrecomillar. Ya no existe espíritu de oposición al poderoso, algo que realmente nadie espera desde que Paul Heyman se aliara con Vince McMahon a finales de los 90, durante las «Monday Night Wars». Y sobre todo, desde que se consolidase el llamado WrestleMania Weekend» durante el presente siglo, cuando todo un otrora símbolo de lo «indie», David Starr, sacaba rédito del mismo gigante con el que batallaba fuera de los rings

.

Pero por encima de ello, la escena independiente ofrecía una ventana propia. Durante los últimos años del pasado siglo, ECW era sinónimo de una violencia que sólo podía verse fuera de EE.UU. ROH, PWG o RevPro atraían miradas durante las primeras dos décadas del nuevo siglo por su calidad «in-ring», con un estilo que resultaba muy difícil encontrar en televisión.

Hoy puedes ver geniales luchas prácticamente cada semana en numerosísimas promotoras, y con una frecuencia casi grotesca. Algunos seguidores, llegando a ser bastante paroxistas, hablan incluso de los tres procesos de la fatiga cognitiva: sobreexposición (ver lo mismo todo el tiempo genera cansancio), habituación (el cerebro deja de reaccionar cuando algo se repite demasiado) y atención selectiva (la mente aprende a ignorar lo que percibe como exceso para protegerse).

Y he aquí lo mollar, combates cuyo estilo se antoja tan poco distintivo que uno no acertaría a concretar de qué escena proviene cada uno. Los mismos tics y manierismos que vemos en

Anuncio
DPW los vemos en DEFY o GCW, y a su vez, en PROGRESS o APC. Les reto a encontrar un combate hoy día donde no se ejecute una Poison Rana, no haya un clímax donde los protagonistas eviten vender (intencionadamente) un German Suplex o se conjunte un intercambio de forearms y machetazos; la mayoría de veces, en especial esta última secuencia, con poca fortuna. Que el puroresu y la lucha mexicana estén tan presentes en casi cualquier encuentro actual supone el culmen de una progresiva globalización iniciada un cuarto de siglo atrás, que ha elevado el nivel «in-ring» del resto de escenas. Pero en última instancia, esa globalización se ha convertido en sinónimo de homogeneización, provocando que muchas promotoras vengan a ofrecer básicamente lo mismo.

Marcus Mathers vs. Ryan Clancy, lucha del año en la escena «indie» de EE.UU.
Míralo todo
Anuncio

Dentro del circuito europeo tampoco existe ya una verdadera identidad, más allá de que veamos allí buenos shows y combates. Surgen propuestas, como la novel promotora ICHIBAN Wrestling, que pretende pasar el puroresu por el filtro de las islas británicas… casi tres lustros después de que RevPro tuviera la misma idea. O Riot Cabaret, cuyo tono teatral y desenfadado recuerda al de Wrestling Resurgence y allende los mares, al de DDT Pro Wrestling.

Todo está conectado. Pretender fijar una identidad en base al estilo es hoy una quimera. Sólo México y Japón pueden presumir de ello. No es casualidad su comentada influencia en el resto del panorama luchístico.

@GioGiorgioMC

Combates de cinco estrellas casi cada semana. Bendito problema, pensarán. Pero la realidad es que ni siquiera en lo «indie», donde en teoría prima la acción, esto asegura la supervivencia.

Recientemente conocimos que DPW, promotora yanqui más en boga desde el fin de las restricciones pandémicas por la calidad de sus shows, cesará su actividad de manera indefinida a partir del 2026,

Anuncio
en una noticia que ha tomado a muchos por sorpresa y generado numerosas muestras de desencanto.

Les recuerdo el cartel de su más reciente gran show, Super Battle.

Nótese que los principales protagonistas fueron talentos adscritos a AEW y TNA: Queen Aminata, Jake Something, Roderick Strong, Leon Slater, Dani Luna, Travis Williams y Judas Icarus. Únicamente el duelo entre LaBron Kozone y Calvin Tankman puede considerarse un duelo «de la casa».

Den un repaso a los carteles de los grandes shows producidos por promotoras europeas. El más exitoso de BZW, Not Afraid, fue con Penta como cabeza de cartel. APC programó el pasado mes a Kevin Knight y anunció a Andrade para enero. GWF trajo de regreso a Mustafa Ali para su 30 cumpleaños como gancho promocional. Y así con todo. O al menos, con todas las promotoras que pueden permitirse atraer a nombres mediáticos. Incluso la escena británica, que puede considerarse la menos «dependiente», también tira de nombres ajenos a lo «indie» para llenar recintos. Sin ir más lejos, RevPro tiene ahora a Mercedes Moné de principal cara, mientras EVE tiene a Kris Statlander.

Anuncio
© Chris Gannon

► Año 6 d. AEW

Me reitero, el impacto de las grandes compañías, en especial WWE y AEW, no puede soslayarse, y de hecho, en última instancia es lo que nos ha llevado al contexto actual, donde ya no existe ninguna «super indie», término que tiempo atrás se empleaba para definir la posición en el tablero luchístico de ROH o PWG. Podría considerarse GCW, pero su significación cada vez se antoja menos valiosa, como pudo observarse durante la última «WrestleMania Week».

WWE, con su programa WWE ID, la amenaza de un «revival» de NXT UK en forma de NXT Europe (tras su perjuicio al british wrestling) y su tradicional cerrazón colaborativa, ya es vieja conocida en estos menesteres. No puede esperarse nada al respecto. Tampoco de la mayoría de sus fans.

Sobre la casa Élite, en cambio, cabe hacer un análisis particular. Bajo esa apariencia «indie-friendly» que siempre ha caracterizado a AEW, la casa Élite mina de similar manera lo alternativo, principalmente por tres vías.

Suele hablarse de cómo WWE ata en corto a la mayoría de sus talentos, pero

Anuncio
esto también se da en AEW. Como muestra, ya mencionada en varias ocasiones, Will Ospreay, quien lleva casi dos años sin competir para RevPro (ni ninguna otra «indie»); exclusividad, subrayo aquí, que no le imponía NJPW. Tal vez ahora Andy Quildan se vea compensado con el estatus de Mercedes Moné, portadora del Campeonato Británico Femenil Indiscutible, pero al mismo tiempo, tal «cesión» (entrecomillo porque desde enero «The CEO» sólo ha competido allí cuatro veces) no es gratuita: aparte de expandir su presencia internacional, AEW hace así «scouting» en UK, la mayor cantera actual, y seguramente tenga ya en agenda a algún talento.

Y otra muestra, Eddie Kingston. La semana pasada, quien otrora fuera considerado símbolo de lo independiente, anunció que a fin de centrarse en AEW, noviembre de 2026 será el último mes en que podremos verlo fuera de lo «mainstream».

Ver en Threads

Otro perjuicio proviene de su política de fichajes, agudizada desde que Tony Khan dejara atrás el excesivo interés por ex Superestrellas de WWE y

Anuncio
fijase sus miras sobre las mal llamadas «ligas menores». Estas verán en 2026 la pérdida de Eddie Kingston, pero en 2025 ya vieron la pérdida de Mike Bailey, su mayor «MVP» durante el último lustro. Un Bailey que cree que la lucha libre nunca ha estado mejor que ahora. Para él, bajo contrato con AEW, sin duda.

Pero tal vez el mayor impacto se haya dado de forma aparentemente inconsciente. Aparentemente.

AEW germinó de una propia adulteración de lo alternativo. The Elite vieron un filón tras el éxito del original All In, y con el apoyo económico de Tony Khan acabaron desplazando a ROH de esa posición de «super indie» (aunque bajo propiedad de Sinclair Broadcast Group ya no pudiera considerarse una «indie»por definición), cuando, ironías de la vida, Joe Koff supuso una figura clave para que aquel evento de 2018 saliera adelante.

Allá por mayo de 2019, poco después del primer Double Or Nothing, Koff confesó bajo entrevista con ESPN cómo ROH y AEW competían por un público similar.

«Creo que AEW está ciertamente colándose en ese espacio

Anuncio
, buscando un pedazo más grande del pastel. Pero si echas un vistazo alrededor del país y a todas esas promociones más pequeñas, a veces estamos en el mismo barco, peleando por el mismo tipo de fan… Intentamos llegar a más gente que no sean los mismos fans, porque no son los mismos compradores. Pienso que lo que hizo All In fue demostrar que hay un gusto por un tipo distinto de lucha libre».

AEW no sólo desplazó a ROH, sino al resto de alternativas a WWE, ofreciendo una versión de mayor presupuesto de todos esos valores independientes y canalizándolos en un único producto de fácil acceso, vía acuerdo televisivo de envergadura, algo que nunca pudo tener la casa del honor.

Bajo un contexto económico de estanflación en USA y Europa, donde el precio de los bienes de consumo se eleva a mayor ritmo que los sueldos, lo pequeño tiene las de perder. Si un producto te ofrece lucha libre semanal desde el confort de tu sofá, con esos alicientes alternativos («in-ring», violencia, narrativa alejada de la de WWE y antiguos nombres «indies»), así como eventos de pago por visión mensuales, y todo de manera cada vez más proselitista, ¿cómo podría competir contra ello una promotora local? Y aquí entra en juego mi argumentario:

Anuncio
¿cómo podría competir contra ello una promotora local que básicamente ofrece lo mismo de manera menos vistosa y frecuente? AEW se ha convertido en la gran máquina de combates de la industria, y si ninguna empresa de primer nivel puede competir contra eso (ni siquiera NJPW), menos aún una «indie».

En este sentido, la escena española puede presumir de cierto sello propio. Más por obligación que por elección, ante la incapacidad de atraer a tantos nombres foráneos, pero al fin y al cabo ese «amateurismo» permite que los talentos locales gocen de oportunidades y puedan conocerse a sí mismos, desarrollando una creatividad que probablemente se vea anulada en caso de que alcancen las «grandes ligas», pero que es clave para definir su arte.

Anuncio

Bajo los focos de North Coast Wrestling podemos ver combates por estelas cántabras, en Tyris Wrestling y Resist Pro Wrestling a luchadores que parecen sacados de una viñeta de Francisco Ibáñez, como Los Chestertives y Los Cavazanjas, o estipulaciones en Andalucía Wrestling tan particulares como una «Chiringuito Street Fight».

Anuncio
© Andalucía Wrestling

Lo paradójico es que después de todo, entre tanta vorágine de promotoras ofreciendo productos muy similares, hoy WWE parece la alternativa. Tal vez, en parte, esto suponga el secreto de su éxito. En un mundo cada vez más superficial y elemental, WWE sobresale como lo digerible, lo entendible. Y para oprobio de quienes aspiramos a un poco de profundidad, a una lucha libre de factoría y no de fábrica, me temo que el statu quo no tiene visos de cambiar.

WWE o AEW: eligiendo no elegir
Míralo todo
Anuncio

Sigue leyendo