¿Necesita realmente WWE a The Hardy Boyz?
WrestleMania 33 fue, sin duda, un show superior a la edición del año anterior, aunque se basó en una sucesión de grandes momentos, más que de grandes combates: el fin de la legítima imbatibilidad de Goldberg por obra y gracia de Brock Lesnar, la pedida de mano de John Cena a Nikki Bella (que quizá haya supuesto la despedida del rapero de WWE por un largo periodo de tiempo), o sobre todo, el retiro de The Undertaker. Pero cabe señalar que el estruendo de la noche lo provocaron The Hardy Boyz con su regreso a la compañía tras 7 años de ausencia.
De acuerdo, fue una gran sorpresa y otorgó un factor estelar a la contienda por el Campeonato de Parejas Raw. Sin embargo, me pregunto, dos semanas después, si este
acto de nostalgia era necesario. Los principales combates del cartel del último «Show de los Shows» conjuraron un verdadero paso de antorcha generalizado: Chris Jericho vs. Kevin Owens, Triple H vs. Seth Rollins, Goldberg vs. Brock Lesnar y The Undertaker vs. Roman Reigns (por cierto, casualmente, luchas de la marca roja). Obvio el Randy Orton vs. Bray Wyatt por motivos lógicos de resultado. Es decir, una WM diseñada para dar inicio a una presumible nueva era, tema que ya toqué mediante un artículo reciente.
¿Por qué entonces se decidió echar la vista atrás en el panorama de duplas? Karl Anderson y Luke Gallows no merecieron salir derrotados ante una pareja cuya nueva
etapa, por mucho que quieran los fanáticos, no se prolongará demasiado (Matt Hardy, por ejemplo, cuenta ya con 42 primaveras) y tengo mis serias dudas de que sea a tiempo completo.
Desde sus inicios en WWE, no se ha respetado la reputación que Anderson y Gallows se labraron alrededor de medio mundo, y el manejo al que han sido sometidos parece ideado para desprestigiar el estatus de New Japan Pro Wrestling, empresa donde se creó Bullet Club, un «sello» casi a la altura del mítico New World Order. De nuevo, entra en juego el proselitismo y la feroz competitividad de los que siempre hace gala
Recordemos que la compañía estadounidense quiere expandir sus téntaculos hacia el mercado asiático, dominado ¿adivinan? por NJPW. La contratación de Tian Bing y su debut en WM 33 (incluyéndolo dentro de la Batalla Campal en memoria de André el Gigante) fueron una brillante estrategia. He aquí el gran hándicap para que podamos ver triunfar a estos gladiadores. Es decir, un puro motivo comercial, no luchístico.
Por otra parte, el excelente trabajo como equipo de Cesaro y Sheamus durante el último medio año tampoco mereció ser ensombrecido por Matt y Jeff. Porque es innegable que la contienda pudo haber dado mucho más de sí, con la combinación de talento con la que contó. A cambio, tuvo que adaptarse a las condiciones físicas de las dos figuras, para, siguiendo con la estela del show ya comentada, quedarse sólo en un gran momento, cuando pudo constituir un gran combate. ¿Qué merece más la pena? Y no nos engañemos,
Supongo que WWE decidió hacer regresar a los hermanos por el repunte de popularidad de sus nuevos «gimmicks», sobre todo por el «Broken» de Matt. Pero no sé qué pueden aportar sobre el ring a lo ya existente en los elencos principales. O tal vez lo más importante para WWE no es lo que pasa sobre el ring. Con la reciente llegada de The Revival, veo menos razones si cabe para tener a The Hardy Boyz de monarcas, truncando el recorrido de las dos duplas citadas anteriormente y de la de Enzo Amore & Big Cass, quienes se supone iban a tocar el cielo tras su paso por NXT.
No soy un fanático de Cena, y consideré errónea su victoria en Royal Rumble (2017) frente a Styles, por truncar un buen reinado que podría haberse extendido hasta WrestleMania 33. Como no podía ser de otra forma, las críticas se sucedieron a lo largo y ancho de la IWC, hablamos de Cena. Por eso me resultó curioso que pocos alzaran la voz en contra de la victoria de los Hardy, cuando a fin de cuentas, constituyó un caso similar, e incluso más injusto.