El fenómeno de El Grande Americano: Resultado de la confianza de un luchador con su afición
Recuerdo hace veinte años el fenómeno de Místico, que, a pesar del cariño de la afición, siempre la vio como una oportunidad de negocio (lo cual no necesariamente es malo o se tiene que satanizar), pero por eso ha tenido puntos de hartazgo por parte de la afición.
El tema con el Grande Americano es lo que no ven los que no van a las arenas, o los que no vibran con el espectáculo entre las doce sogas.
► Un ídolo como los que ya no hay
El Grande, a diferencia de otros momentos en la lucha libre mexicana, no es un luchador que cobre por fotos o haga que la afición se forme de manera eterna por lo mismo. No: El Grande es de un tipo de ídolo del que ya no hay, del que se mete entre la gente y disfruta su cariño, les corresponde como ellos quieren:
En su más reciente presentación en Querétaro, salió de la afición arrastrado por el cuerpo de seguridad de la empresa, porque él, fuera de lo que un luchador estelar de estos tiempos haría, quería seguir entre la gente, su gente, otra media hora más de la que se entretuvo entre la afición, abrazando, recibiendo frases de motivación y cariño.
Con todo el respeto que me merecen, ni La Parka ni Místico han tenido la mitad de carisma, humildad y sentido de retribución que El Grande tiene para su público.
Es muy diferente a todo lo que como aficionado, periodista y ser humano he visto. Seguramente los que vieron a Santo en los setenta o antes pueden compararlo. No es un grito en una arena, no es un idolito que se impone por programación, es un fenómeno de popularidad orgánico, real, bilateral: luchador-afición, afición-luchador. La broma que salió mal en una historia de
El luchador que se asume como mexicano, aunque todos sepan que no lo es, y que todos sientan que él defiende más al país, a lo mexicano, a los mexicanos (a la Pimpi, al Ojitos de Huevo o a su mujer, una mexicana de cepa) que el 90% del sector político nacional y del deportivo aún más: la patria, lo nuestro, lo que nos hace diferentes y diferenciables, se defiende y se hace respetar, poniéndole el pecho a las balas, sin discurso, sin abuso, simplemente por el hecho de que no está bien, de que aquí no es así…
No hay forma o justificación de que El Grande pierda, pero si pierde, todos sabemos que, como mexicano, se parará y volverá para ser más grande.