La historia poco conocida de la hija de André el Gigante
André el Gigante alcanzó dimensiones míticas durante su vida gracias a las historias que se contaban en torno a él y que eran difundidas por las revistas de la época. A pesar de que comenzó a luchar en su natal Francia y que ya había conquistado Japón a principios de los setentas, los aficionados leían que había sido encontrado en un bosque de los Alpes por Edouard Carpentier, quien lo llevó a Canadá para enseñarlo a luchar. Ese cuento se repetía incluso en publicaciones mexicanas de los noventas.
Después de su muerte, WCW presentó al joven Paul Wight como su hijo, vistiéndolo con la butarga de un tirante que le proporcionara a André el manager Bobby Heenan en 1987. Antes de eso, había sucedido la historia del gemelo de André,
Esto viene a colación porque Natalya subió a su cuenta de Instagram una foto que se tomó la noche de ayer en SmackDown con dicha hija de André.
«Tuve el enorme placer de encontrarme con Robin, la hija de André el Gigante, en backstage de SmackDown Live. Estuvimos recordando a nuestros padres y cuando el suyo luchó contra el mío en WrestleMania 2, en Chicago».
La existencia de esta hija se hizo pública en 1992, pocos meses antes de la muerte de André el Gigante, quien para entonces ya no estaba en WWE y hacía sus últimas giras en México y en All Japan.
En el programa A Current Affair, producido por la filial de Fox en New York, y conducido por Maureen O’Boyle, transmitieron el reportaje Wrestling with his Conscience, donde presentaron a Robin Christensen-Roussimoff, la hija de doce años del legendario luchador.
André conoció a Jean Christensen en 1974 y tuvieron una relación alejada de los reflectores. Ella recuerda que André era el primer hombre con el que podía sentirse cómoda usando tacones, pues con éstos alcanzaba 1.85 de estatura.
Pero cuando Jean resultó embarazada, André se negó a reconocer la paternidad de la niña, nacida en 1980, lo que los llevó a una batalla legal que duró años. Finalmente, la corte ordenó una pensión de 750 dólares mensuales, ciertamente poco para lo que percibía André, el luchador más cotizado del mundo. En 1991, la pensión subió a mil dólares mensuales.
“Se ha perdido de una niña maravillosa. Y ha construido toda su carrera en torno a cuanto ama a los niños”, dijo Jean Christensen, la madre de la niña, quien reveló las pocas veces que el gigante había visto a la pequeña: “La vio una vez cuando era una bebé. La vio cuando tenía 18 meses de edad. La vio una vez cuando tenía cuatro años… Y la vio en noviembre de 1991 durante unos cinco minutos”.
En 2014, el historietista Box Brown publicó la novela gráfica Andre the Giant: Life and Legend, en la que hizo eco del suceso.
La historia es poco conocida, e incluso el video del reportaje, que aquí enlazamos desde Break.com, no ha tenido mucha difusión.
Tristemente, la imagen de un gigante amable y necesitado de afecto, se ve ensombrecida por la realidad.