Ecos de Forbidden Door 2026 | La copa de la vida

Para los futbolistas, participar en un Mundial suele ser su máxima aspiración como profesionales. Bien por celebrarse sólo cada cuatro años, bien por simbolizar el reencuentro con sus identidades, muchos incluso prefieren reservarse durante el último tramo de la temporada con sus respectivos equipos en pos de llegar algo más enteros. La motivación aquí se presupone tanto que se consideraría un factor implícito.  

Este pasado domingo, los protagonistas de Forbidden Door 2026, representantes de sus respectivas empresas y escenas luchísticas, lucieron cuales jugadores de una Copa del Mundo, pues el espectáculo que ofrecieron no se ve todos los años. Ni todos los cuatrienios. 

@AEWTicketMap

 

En mi particular review de Double or Nothing 2026, PPV previo de AEW, quise mostrar las costuras de varias luchas, ante los, a mi juicio, excesivos elogios concedidos, para de tal manera presentar una perspectiva distinta a la corriente generalizada. Pero con Forbidden Door 2026, esto se me hace inviable. Cuando un show te deja sin posibilidad de contracrónica, te das cuenta de que se trata de algo muy especial

Servidor lleva siguiendo a AEW desde su inicio, allá por mayo de 2019, con la primera edición de Double or Nothing. Y afirmaría, sin temor a sonar olvidoso o triunfalista, que Forbidden Door 2026 fue el mejor PPV que la casa Élite ha presentado en sus siete años de existencia. Claro que, como tal, no entraría en la categoría de PPV «propio». Según se promocionó, NJPW, el CMLL y Stardom participaron en su producción. Uno no puede evitar ser puntilloso. Pero en cualquier caso, la valía de la cita va más allá de los propios parámetros de AEW. Tony Khan y Cía conjuntan una racha de PPV nunca antes visto dentro del mundo de la lucha libre, y el domingo alcanzaron la máxima expresión de excelencia con una velada que puede sentarse en la misma mesa que Destiny de AJW o Wrestle Kingdom 11 de NJPW. Cuanto menos, ningún otro show realizado sobre suelo estadounidense se le iguala. Y esto, como comento, ya es mucho decir viniendo de AEW. 

Les reto a encontrar, así a bote pronto, una función que contenga media docena de combates antológicos (o de cinco estrellas, hablando en términos meltzerianos). Sí, media docena: uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis: Kenny Omega vs. Zack Sabre Jr., Jon Moxley vs. Bandido, Thekla vs. Starlight Kid, Mercedes Moné vs. Maya World, Team MJF vs. Team Briscoe y Will Ospreay vs. Swerve Strickland

Como el que no quiere la cosa, y tras un excelente «opener» con The Young Bucks, El Sky Team y Unbound Co., el segundo encuentro ya nos dio a Omega y ZSJ, en un indicativo de la total falta de ego de «The Cleaner», aunque su arco, presuntamente, lo lleve de nuevo a buscar el Campeonato Mundial AEW. Y es que toda la pretensión de ZSJ pasaba por no convertirse en una suerte de puesta a punto para Omega, de inflexión con la que el canadiense recuperara sensaciones. Y por momentos, vimos al Omega de antaño, ejecutando su característico doble pisotón desde la ceja con su rival cubierto, en este caso, por la protección de la mesa de comentaristas en español (lapso de «brawling» fuera del ring que le sentó de maravilla al choque). Por momentos, reitero. Omega ya no posee la condición física de 2018, año en que disputó su anterior y hasta el domingo único duelo contra ZSJ. Lo que no es óbice para que, con un dominio aún mayor de los tiempos y de la psicología, pueda dejarnos actuaciones grandiosas de cuando en cuando. Sobre todo, teniendo a un partenaire de la talla del inglés. Su inversión del Snap Dragon Suplex en un Waki Gatame ya está perenne en mi córtex cerebral. 

Imaginen un show donde Omega y ZSJ no sólo salgan los segundos, sino que su combate acabe siendo uno de tantos. Y la clave, que al final de las casi cinco horas, ninguno haya quedado diluido y todos permanezcan vívidos. Antes, en la lucha libre «mainstream» de EE.UU., podías darte por satisfecho si un PPV contenía un par de combates que dejaran verdadero poso. Durante décadas, tal estándar se cronificó tanto en los seguidores que observo con frecuencia que quienes rechazan el producto de AEW lo tildan de pretencioso en su intento de presentar «bangers». Como criticar a Michael Jackson porque ‘Thriller’ alberga demasiadas buenas canciones. 

AEW ha cambiado la manera de ver lucha libre. Exige más al espectador, que acaba sucumbiendo al particular síndrome de los Élite, un reverso del síndrome de Stendhal a fuerza, precisamente, de belleza. Incluso el punto menos atractivo de Forbidden Door 2026 se vio compensado por un regreso, en este caso el de Jay White, propiciando la victoria de Adam Copeland y Christian Cage contra The Dogs. Me quedé con las ganas, eso sí, de volver a escuchar su nombre en voz de Takuro Shibata. Sólo por eso, debió tener una entrada formal. 

Double or Nothing 2026 acusó las limitaciones impuestas por la Comisión Atlética de New York. Forbidden Door 2026, celebrándose en California, no. Y hubo sangre. Bastante. Más que en el baile de graduación de Carrie White (sin parentesco con Jay White). Un elemento que empezó brotar, literalmente, en el Moxley vs. Bandido.

¿Quién necesita grandes promos y un trasfondo elaborado cuando tienes el fluido vital como vehículo conductor? Se achaca a Moxley ser poco menos que hemofílico, pero aquí encajó en la dinámica técnico-rudo, máscara rota incluida. Sin apenas peso el CMLL dentro del cartel de Forbidden Door 2026, este Moxley vs. Bandido fue una reproducción de lo que podríamos haber visto bajo los focos de la Arena México. Por faltar, no faltaron ni los cánticos de «culero» hacia Moxley, quien acabó reconociendo el desempeño de Bandido y dejando el ring para que el Campeón Mundial ROH recibiera sus merecidos aplausos. El lagunero no sale ganador en una lucha individual desde enero. Hay talentos acondicionados por las estadísticas, y Bandido es uno de ellos. Por mucho que pierdan, siempre tiene el apoyo del respetable, y a veces, los programadores se malacostumbran, convencidos de que no necesitan grandes victorias. 

Tras un par de horas sin aparecer, la sangre regresó en el Team MJF vs. Team Briscoe, aunque realmente, el combate sirviera de brutal alivio cómico; otra de las grandes virtudes de Forbidden Door 2026, su heterogeneidad. Habría sido absurdo que 12 maromos dándose con todo durante media hora salieran libres de rasguños. Según Dave Meltzer, primera muestra de lo que promete establecerse como nueva bendita locura, denominada Death’s Door, con una jaula de acero circular cual versión abierta y de mayor tamaño del Domo de la Muerte de AAA. Esta vez, los técnicos ganaron, y gracias a ello, Mark Briscoe intentará coronarse hoy en Dynamite. Por el camino, la decisiva insurgencia de Andrade (veremos hacia dónde lo lleva), una explosiva venganza de Darby Allin sobre Kevin Knight, la confirmación de que Lio Rush es la mascota de AEW y una reivindicación de la NES. 

Allá por 1989, durante un partido clasificatorio para el Mundial de Italia 90 entre Inglaterra y Suecia, Terry Butcher, capitán del combinado británico, pasó al imaginario colectivo cuando tras chocar contra un jugador escandinavo, se abrió una brecha de tales proporciones que toda su equipación quedó bañada en sangre. Butcher se negó a ser sustituido y continuó jugando impertérrito hasta el final del encuentro con una modesta venda, e incluso cabeceando balones, lo que hizo que la herida volviera a abrirse. Eran otros tiempos. Butcher, por cierto, significa carnicero, detalle que acrecentó su aura. 

El domingo, Will Ospreay fue Terry Butcher. Y de paso, el «Aerial Assassin» se llevó la copa a casa. Si bien esta supuso únicamente el boleto para All In 2026, último horizonte de un arco de redención que ahora sí, casó con la narrativa. Dos años atrás, en Forbidden Door 2024, Strickland impuso su agresividad para vencer a Ospreay, haciendo honor a su apodo de «el hombre más peligroso de AEW». En Forbidden Door 2026, Ospreay acabó abrazando la violencia de los Death Riders para superar la de Strickland. Y aunque no dejara de lado sus habituales movimientos (incluyendo un Robinson Special, controversial guiño a Paul Robinson), su estilo por fin se vio diferente e inspirado en la mentoría de Jon Moxley. Ospreay tuvo que valerse de su repertorio, del de Moxley y de un Tiger Driver ’91 para doblegar a Strickland, cuyo devenir luce interesante, por incierto, de cara a Wembley. 

Como incierto parece el rival de Ospreay allí. MJF podría perder hoy mismo el Campeonato Mundial AEW ante Mark Briscoe, pero no contemplo un Briscoe vs. Ospreay en All In 2026. Tal vez para entonces, Kenny Omega haya recuperado el oro y la siguiente estampa cobre sentido

@WillOspreay

 

Con todo, el diferenciador definitivo de Forbidden Door 2026 fueron las mujeres. Nunca antes en el historial de AEW un PPV nos había dejado dos luchas femeniles de tamaña calidad. 

Thekla y Starlight Kid llevaron por todo lo alto el concepto del show y su «crossover» se sintió importante, lejos de parecer un punto secundario, acrecentado con el poscombate, donde Kid y Taro Okada volvieron a sufrir la rudeza de Thekla en primera persona. Certero emparejamiento que propició la mejor defensa de Thekla hasta ahora y que supuso el reconocimiento global para Kid, gladiadora que lleva más tiempo sobre los rings que la «Toxic Spider»… teniendo casi 10 años menos. Kid pareció nacer en un ring, y su natural condición de técnica merecería vendetta contra Thekla, aunque su derrota se diera de forma limpia. Un resultado por otra parte previsible, pero que no esperaba tuviera una escenificación tan severa. AEW marcó territorio reforzando la imagen de su máxima campeona antes de All In 2026 (recordemos, eso sí, que el 26 de julio llegará Redemption). 

La valía del otro punto también recae en su perdedora, sólo que en este sentido, AEW puso mayor esfuerzo si cabe por tratarse de un talento «homemade», Maya World, desconocida hasta hace un par de meses entre los propios seguidores de la empresa. Como comenté en ‘La cuenta atrás’, que Willow Nightingale, técnica, fuese la principal candidata a ganar el torneo de la Owen Hart Foundation antes de caer lesionada, propiciaba cierto resquicio de duda sobre quién se llevaría la copa, si bien muy remoto, más ilusorio que realista. Pero el duelo se hizo tan bueno que el respetable se dejó llevar y compró la posibilidad de un triunfo de World hasta los últimos compases, cuando esta cometió un error de novata, luego de, impulsada por su impetuosidad, intentar hacer rendir a su ídolo, Moné, con el Statement Maker. Otra página en el legado de la «CEO», empeñada en que la lucha femenil cuente. Y el domingo, vaya si contó. 

© All Elite Wrestling

 

Con eventos así, dirán algunos que la lucha libre es el deporte rey. Cabría recordarles que la lucha libre es algo más que un deporte. Cuando se hace de esta manera, se convierte en arte. Parece que cada vez que WWE intenta contraprogramar un show de AEW acaba más frustrada porque ve cómo acaba hablándose de lucha libre y no del último chiste de Danhausen

Rafael Indi rafaelinaresindiano@gmail.com | @rafael_indi