Publicado originalmente en SÚPER LUCHAS #527 

Reyna Gallegos es una luchadora que marcó un antes y un después en más de un sentido. Aunque como muchas veces en este país su nombre se sume a un colectivo, y por ende pase inadvertido, su gesta fue personal. No trató de demostrarle nada a nadie y terminó demostrándole mucho a todos. Aunque no haya sido la luchadora más destacada de su generación su travesía por la lucha libre no puede dejar de pasar inadvertida por ser la primera Campeona Nacional Femenil avalada por la Comisión de Box y Lucha Libre del DF. Reyna también consiguió contagiar su ánimo a varios de sus hermanos menores: El Gallego, Neftalí y El Galgo. Hace unos días nos encontramos con unas fotos de su debut como profesional y tuvimos oportunidad de platicar con ella por este motivo. El resultado de este reencuentro con el pasado es lo que a continuación se escribe:

Reina Gallegos en su debut hace 35 años.
Reyna Gallegos en su debut hace 35 años.

Pasaron más de dos años antes de debutar, pero fueron de entrenamiento riguroso. Empecé a entrenar con El Enfermero, y tenía a sus alumnos avanzados que se encargaban de los que íbamos empezando: José Luis Feliciano, Fantasma del Bajío y Tony Ledesma. Ellos nos veían como iguales y decían: “Aquí no vale ser mujercitas. Si quieren ser mujercitas váyanse de secretarias”. Fue en la Arena Neza donde entrené. También fue ahí de donde son estas fotos de mi debut. Yo le había dicho al Enfermero que no quería aprender lucha para ser profesional, sino como defensa personal. Yo estudiaba medicina en el Politécnico, tenía un tiempo entrenando cuando mi maestro me dijo que ya estaba programada y que era mi debut. Yo le dije: “No quiero luchar. Nada más lo estoy haciendo para defenderme”, a lo que me respondió: “No, pos ya estás programada, así que tienes quince días para preparar un equipo y darme un nombre”.

— No, maestro –insistía—, yo no voy a luchar. A mí me da miedo la gente y todo eso…

— Ya estas programada, así que prepárate.

Le dije: “Esto va a ser un debut y una despedida, porque a mí no me va a gustar que la gente se burle de mí”.

El nombre no me lo busqué. Yo todavía era medio payasita y decía: “Así me llamo y así soy”. Entonces no me quise poner otro nombre que no fuera el mío. ¡Fue fantástico comenzar a luchar! La gente me aceptó, yo me acepté, aunque yo no quería en un principio, para ese momento yo ya sabía que no la iba a dejar jamás.

Cuando empezamos el entrenamiento éramos más de treinta; sin embargo, de mis compañeras creo que sólo Rossy Moreno y La Briosa siguieron adelante. Ya después del debut me programaron mucho con grandes luchadoras, como Lola González, Estela Molina, Marina Rey, Chabela Romero y La Medusa. En la Neza me programaron más de tres semanas seguidas contra Chabela. ¡Pensarán que es mentira, pero de verdad me dejó viendo estrellitas los tres días! Fue una prueba rara de mi carácter. La primera vez me dio una arrastrada, y todos en mi casa decían: “Reyna, no vayas”. Y yo decía: “Voy”.

Hay niñas que están empezando que no saben ni pararse en el ring. No las critico, pero creo que sus maestros deberían de saber que sus niñas no están preparadas. No deberían de mandarlas al ruedo. ¿Por qué? Si se topan con una buena luchadora, esas niñas van a salir mal.

Reina2

Fui la primera Campeona Nacional reconocida. Hubo otros cinturones, pero yo fui la primera reconocida. Todas decían que no duraría ni dos meses, pero fueron más de dos años.

Yo quería más, pero ya me casé y me embaracé. Cuando me entero que estoy embarazada, fui a la oficina y pedí que me quitaran de las programaciones. Así como empecé a luchar y le dediqué mi vida a eso, pues igual quería tiempo para ser madre y desarrollarme en ese aspecto de mi vida. Tenía un año de casada cuando eso pasó. Me retiré y fui feliz con mi pareja y mis dos hijas.

En ese tiempo pasaron dos cosas muy fuertes para mí: mi marido se murió y terminó la empresa Mora-Flores. Todo eso fue un golpe muy fuerte. Lo personal lo reservo para mí, pero cuando cayó la empresa de Cuatro Caminos, les puedo decir que fue un gran golpe, no sólo para mí, sino para todas, pues el señor Flores nos llevó de luchas preliminares hasta estelares en El Toreo.

Aunque regresé a luchar, ya en Triple A, las cosas ya no fueron iguales para mí. El trabajo comenzó a escasear y yo tenía dos hijas que mantener, así que poco a poco me fui dedicando a negocios personales y no volví a la lucha libre. Las cosas pasan por algo, y aunque el gusto por la lucha libre nunca se me terminó, también me siento muy feliz por la hermosa familia que tengo.

 

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