El día de hoy, el ex luchador, actual réferi y colaborador de SÚPER LUCHAS, Teddy Baños, celebra su cumpleaños número 59. Por tal motivo, reproducimos una entrevista que le realicé, publicada originalmente en la edición #510 de la revista (30 de septiembre de 2013).

TEDDY 1

A diferencia de otras especializaciones de la prensa escrita, en la luchística muchos redactores y fotógrafos no han contado con una preparación profesional adecuada. En algunos casos, las carencias son subsanadas con anhelos de crecimiento, porque si en otros oficios nunca se deja de aprender, no hay motivo para considerar a éste la excepción.

Sin embargo, hay muchos casos en el medio en los que llegar a publicar una nota se considera la meta, y no sólo el primer paso para formar una carrera. No pasa mucho tiempo antes de que una inexistente fama los envanezca, formándose una falsa idea del periodismo y buscando competir con los demás —por creerse mejores que los demás—en vez de competir consigo mismos y superarse. Así, hay fotógrafos sin formación que creen sinceramente que son artistas, y hay redactores en ciernes que se presentan como escritores sin tener las credenciales para tal ocurrencia.

Y hay también coleccionistas de revistas antiguas que dicen ser historiadores, sin haber estudiado la carrera de Historia, porque de hacerlo sabrían que sus compilaciones no cumplen las directrices que allí enseñan y no se acercan siquiera a ser historiadores empíricos.

Afortunadamente, no sucede con todos. Es el caso de José “Teddy” Baños, ex luchador y actual réferi, quien si bien no estudió Historia, no sería extraño que alguna universidad le otorgara un doctorado Honoris Causa, porque en verdad sabe hacer trabajo de historiador, pero es modesto al respecto.

“Historiador es un adjetivo que me queda muy grande, ya que para ser historiador se requieren conocimientos académicos considerables, muchos de los cuales sólo se pueden adquirir al cursar esa carrera en alguna universidad o durante el desarrollo de actividades inherentes. Mi labor en sí, se concreta a localizar y recopilar el material, y entonces aplicar la historiografía para preservarlo. Eso lo fui aprendiendo de manera empírica desde niño, pues me dio siempre por llevar estadísticas de todo lo que me agradaba. Por ejemplo, en el box, más que disfrutar las acciones de las peleas, disfrutaba conociendo el récord de los boxeadores o las clasificaciones. En el futbol, más que verlo, disfrutaba analizando las tablas de posiciones, aprendiéndome las alineaciones de los equipos, los planteles completos con sus reservas incluidas; las tablas de goleadores, campeonatos obtenidos por cada equipo, etcétera. Inclusive me inventaba torneos de futbol para poder hacer el calendario de juegos, y eso era una labor ardua y minuciosa, pues había que programar el todos contra todos a dos vueltas, sin repeticiones ni errores, acomodando para que quedaran debidamente programados los juegos y se dosificaran los partidos en ciudades que tenían dos o más equipos. Así que cuando me gustó la lucha y descubrí las revistas especializadas, para mí fue un deleite darme cuenta, por medio de la cartelera, cómo iban desarrollando sus actividades los luchadores: sus campañas, giras, las arenas que habían existido, y de ahí el interés de registrar sucesos de apuestas, campeonatos, etcétera. Y para poder registrar todo esto, pues me las tuve que ir ingeniando diseñando formatos, tablas; aprendí a catalogar el material y a localizarlo, y obviamente a consultar todas las fuentes posibles para enriquecer la investigación, pues a veces algunas fuentes omiten datos que pueden considerar superfluos, mientras que otras sí les dan importancia. Y eso es lo que sirve para definir los criterios”.

Nacido el 13 de noviembre de 1955, José Baños no sólo se interesó en las estadísticas luchísticas, pues también fue atrapado, como buen mexicano, por la magia de las máscaras, así que un día decidió dedicarse a la lucha profesional.

“Primeramente estuve aprendiendo con El Duende y con El Gitano, de 1970 a 1974, en los desaparecidos Baños Providencia, que estaban atrás del mercado de Mixcalco; luego ellos me mandaron al Club Deportivo Nader, por los rumbos de La Merced, con don Pedro Bolaños ‘El Caballero Tigre’. Con él estuve de 1975 a 1979, pero también recibí consejos y enseñanzas de otros muchos, entre ellos el Acorazado Moreno, Tony Romano, El Matemático y varios más”.

El 2 de mayo de 1971, Baños debutó enmascarado como El Centinela. Eso fue en una función a beneficio de las obras de construcción de una iglesia, por Peñón de los Baños, cerca del aeropuerto capitalino

“Cuando ya deseaba inventarme mi nombre, quería que fuera de una sola palabra y que fuera enmascarado, pero se me hacía muy difícil conseguir alguno que nunca se hubiera utilizado, porque como ya había leído muchas revistas tanto de esa época como más antiguas, veía que ya todos los buenos estaban usados. Me puse a revisar completito todo un diccionario, pero los únicos originales que encontraba eran mitológicos, y esos no me atraían. Luego me puse a revisar la Guía Roji, y ahí vi que algunos nombres de algunas colonias se podían adaptar, como por ejemplo Alce Blanco, Cuauhtémoc, Porvenir, Tres Estrellas, Dinamita, Tezozómoc, Espartaco, Anáhuac, etc. Entonces encontré la colonia El Centinela, que está por el metro Tasqueña. Ése me gustó, y además nadie lo había usado hasta esa fecha”.

Como Centinela comenzaba a destacar
Como Centinela comenzaba a destacar

Con 1.65 de estatura, pero librando el peso welter con sus 75 kilogramos, El Centinela apareció en la cartelera luchística por cerca de una década, hasta que fue desenmascarado por El Galante (hoy Robotman) el 2 de noviembre de 1980, en San Luis Potosí. Posteriormente iniciaría la era de Teddy.

“Memo Rubio, en su última etapa de luchador, usó el nombre de El Padrino y se enmascaró, pues ya estaba mal del corazón, y aquí en el DF no le permitían luchar, así que luchaba prácticamente a escondidas en el Estado de México, hasta que ya le advirtieron que su enfermedad era muy seria y no debía exponerse más. Entonces le legó el nombre de El Padrino a su hermano, que luchaba como Rams II pero tenía ya algunas desavenencias con el otro Rams (a quien luego el Villano V le cedió el nombre de Rocambole). Como El Padrino (The Godfather, de Francis Ford Coppola, 1972) era el título de una película que había

sido muy famosa y vimos que había otra película no tan famosa, pero que estuvo de moda en la misma época, llamada Teddy el Recio (Un uomo dalla pelle dura, de Franco Prosperi, 1972), que trataba sobre un boxeador callejero, decidimos aquello de Los Vándalos como pareja, pero cada quien con su nombre individual. Así, él sería El Padrino, y yo Teddy el Recio. Nos pusimos a conseguir fechas y plazas para poder luchar, pero mi amigo tuvo algunos imprevistos familiares que resolver ya no pudo cumplir con las fechas que teníamos, y a los promotores como que no les convencía que yo a solas usara aquello de El Recio, así que me fueron programando como Teddy a secas, y así seguí hasta mi retiro en febrero de 1993, y prácticamente hasta la fecha es mi nombre de batalla, pues aunque ya no lucho, llevo quince años refereando con ese nombre”.

Surge Teddy el Recio.
Surge Teddy el Recio.

Gracias a su amor a las estadísticas, no es de extrañarse que Teddy registrara su récord profesional, algo difícil de ver en la lucha libre antes de las bases de datos de internet.

“Hasta antes de casarme, en 1985, llevaba minuciosamente mi récord de luchas. En un cuaderno anotaba contra quien luché, el resultado, la arena y la fecha. Hasta ese momento llevaba 1254 encuentros, pero como dejé esos cuadernos en la casa de mis padres, ya no lo pude llevar tan minucioso, así que en sólo un cálculo a grosso modo, debo haber tenido poco más de 2000 batallas. Es difícil que alguien haya llevado su récord exacto. Sé de algunos compañeros que hicieron intentos similares, pero no los concretaron; inclusive de Santo hace poco se publicó una libretita donde él registró unas luchas que tuvo en los Estados Unidos, y en ella, además de la fecha y otros datos, anotaba inclusive, la cantidad en dólares que le pagaban».

— ¿Cuántas luchas registró como El Centinela?

— Tuve con ese personaje alrededor de 700 luchas.

— ¿Y como Teddy?

— Con él habrán sido unas 1,100 luchas, y debo haber tenido algunas otras 200 luchas con otros nombres, efímeros algunos, y por emergencia algunos.

Otros alias que usó José Baños fueron El Patriota, El Implacable, El Infame, Lémur, El Asturiano, Benny Soriano, Atom II, El Águila, Murciélago Nazi, Pitufo III, El Estudiante y El Pistolero. “Cabe hacer la aclaración —añade Teddy—que la mayoría era por cuestiones de emergencia, ya fuera porque faltara algún elemento del programa y había que dobletearse, y en aquellos tiempos los promotores no querían que se usara el mismo nombre en las dos luchas, por lo que se inventaba alguno al vapor y había que salir con otra vestimenta. En otras ocasiones, al llegar de visita a alguna arena, buscaban sustituto para algún faltista, y si no llevaba uno sus arreos, entonces también había que inventarse un nombre de última hora y subir con cosas prestadas”.

Aunque no ganó campeonatos, Teddy tuvo una fuerte rivalidad con el hoy también réferi, Baby Richard, cuando éste se ostentaba como Campeón de Peso Ligero del Estado de México. En cuanto a máscaras, obtuvo las de Red Spider, Águila Descalza, El Pepenador, Centauro del Sur, Micro As II, Arus de Oro y Loco Asesino. Las cabelleras que conquistó fueron las de Tino Rivera, Ray Cruz, El Pepenador, Centauro del Sur, Perro Salvaje, César Galeana II, Ringo Medina y El Español.

Si bien alternó en el ring con figuras como El Solitario, Blue Demon Sr., Lizmark, Kato Kung Lee Sr., Baños no alcanzó un sitio estelar, y como es bien sabido, en nuestro país resulta casi imposible sostener a una familia con las precarias pagas que se perciben en las arenas independientes.

“Estaba ya acercándome a los 40 años, y pensé que alguna lesión grave a esas alturas podría ser muy difícil de superar, así que no podía seguir exponiendo a mi familia de esa manera. En ese momento, 1993, con mis hijos aún pequeños, vislumbré que ya por la edad era muy poco lo que podría alcanzar y que lo mejor era buscar otra actividad donde pudiera obtener una seguridad económica para mi familia”.

— Aunque se retiró, ¿por qué se alejó de la lucha?

— Por dedicarme a otras actividades, y esas actividades me fueron absorbiendo y de ahí mi alejamiento. Ya sólo iba de forma esporádica a los gimnasios.

— Estuvo alejado cerca de un lustro. ¿Cómo decidió volver?

— Nunca me olvidé de la lucha y siempre pensaba en ella, pues desde un poco antes, por mi espíritu de coleccionista, me iba a la hemeroteca a copiar las funciones de lucha de toda la república. Dediqué varios años a esa actividad, y cuando me di cuenta, tenía una cantidad considerable de material, pero como quedaba inconclusa la investigación, necesitaba apoyo tanto financiero como institucional para continuarla. Se me ocurrió entonces que tal vez en la Comisión me pudieran orientar. Me enteré que en ese tiempo (1998) Ray Mendoza era comisionado, y como me tenía cierta estimación, pensé que me podría ayudar. Fui a buscarlo un sábado a la Arena Xochimilco, pero esa vez no le tocó a él, así que sólo pasé a saludar a algunos compañeros que conocía. Como faltaban luchadores para esa función, me propusieron que subiera a suplir a alguno, pero me sinceré y les dije que no estaba capacitado en ese momento, pues ya tenía tiempo de no asistir al gimnasio. Entonces la Bestia González iba a referear, pero como todavía luchaba, lo metieron de luchador y me dijeron a mí que refereara. Lo hice y renacieron en mi aquellas emociones tan placenteras que tanto había vivido y disfrutado. Y me gustó mucho. Al promotor, Ricardo Reyes, también le agradó mi forma de actuar y me propuso, desde ya, que fuera el réferi oficial de todas sus funciones, cosa que de inmediato acepté.

Como réferi rudo, Teddy vs. Héctor Garza
Como réferi rudo, Teddy vs. Héctor Garza

Teddy Baños volvió a entonces a sentirse en su elemento, pero no descuidó su trabajo de compilación histórica. Aparte de su colección de más de 3000 revistas, recopiló información de otras publicaciones, incluyendo diarios de circulación nacional y de distintas localidades del país. Así, se daba cuenta de las ambigüedades e incongruencias que existían de un cronista a otro.

“Cuando leía los periódicos donde venían las reseñas y artículos originales, noté que en muchas revistas los ‘historiadores’ seguían repitiendo hasta la saciedad los mismos errores, sólo porque los habían transcrito tal cual de la revista donde los habían leído. Otros iban aún más allá, llegando al grado de echar de su cosecha otras tantas invenciones, aunado todo esto a las malas interpretaciones en la lectura y los errores tipográficos. Por ejemplo, hay un caso en el que por ignorar una coma, se creó el mito de la lucha de campeonato más larga, dándole una duración de una hora con 54 minutos, cuando eran sólo 54 minutos”.

Obviamente existía un hueco en la información luchística. De la misma manera en que hasta antes de SÚPER LUCHAS, los cronistas ignoraban o desconocían casi todo lo referente a la lucha libre internacional, en el ámbito nacional no existía un registro minucioso de datos luchísticos, cosa que sí sucedía en otros deportes, como el futbol o el béisbol: “Ni siquiera se puede dar un aproximado de cuántos combates sostuvo en toda su carrera cualquier luchador, así que, actuando con mesura, dado que el recopilar las trayectorias de todos los luchadores es una tarea realmente titánica, quise aportar sólo mi grano de arena recopilando todas las funciones de lucha realizadas en el país durante una sola década, pensando que tal vez algún día podría surgir otro u otros entusiastas que recopilaran otras décadas”. Todo con un objetivo claro: “Tener lo más apegado posible a la realidad el desarrollo de la lucha en México”.

— ¿Por qué el apegarse a la realidad, a la verdad, en una actividad que se nutre de los mitos?

— Es fantástico y fabuloso que la lucha libre se nutra de mitos, pero cuando estos pierden vigencia, ya no resultan útiles, y en ocasiones pasan a ser ridículos. Además, entorpecen las investigaciones. Entonces se debe seguir apegándose a la verdad para que pueda embonar correctamente la historia.

Por ejemplo, el mito de Místico: Niño de la calle, amparado y adiestrado por Fray Tormenta en su casa hogar. De él, Teddy nos dice: “Fue bellísimo el mito mientras duró, y fue muy útil y atractivo, uno de los fenómenos y booms más grandes que ha dado la lucha libre, y era algo bello también, para aquellos que conocían la realidad, respetarlo y sustentarlo, pero ya cuando los protagonistas acabaron con el mito y revelaron la realidad, fueron también bellas las formas y medios que se usaron para justificar las causas y develar las razones por las cuales se tuvo que crear el mito”.

— Pero hay mitos que son innecesarios y burdos…

— Estos, en nada son útiles, y es cuando sostengo que todas las realidades que han existido y existen dentro de la lucha superan inmensamente al mejor fabricado de los mitos. Aquí sí, siempre la realidad superará a la fantasía.

Teddy Baños con don Antonio Cuéllar "El Ratón S." (†) / Foto: Emilio Valdez
Teddy Baños con don Antonio Cuéllar «El Ratón S.» (†) / Foto: Emilio Valdez

— ¿Sus máximas satisfacciones?

— En el ámbito familiar, el haber tenido esa bella experiencia de ser padre y de que mis hijos ya estén realizados. En el ámbito de trabajos fuera de la lucha, el haber colaborado en algunos proyectos útiles para la sociedad y que mi participación siempre fue apegada a las más estrictas normas de la ética, de la dignidad y de la honradez, motivo por el cual, mi mayor satisfacción en esos rubros consiste en tener siempre la frente en alto y de que mis logros siempre han sido por actos meritorios sin tener que avergonzarme por robos, triquiñuelas, «arrastramientos», adulaciones ni engaños.

“En la lucha son muchas, empezando por la de haber podido realizar mi sueño de actuar en un ring ante público numeroso, y cada que percibía el haber brindado una buena lucha, la satisfacción en el vestidor despojándome de los arreos cuando uno parece una regadera que deja charquitos de sudor, mientras el organismo, vaporando todavía, se va poco a poco estabilizando y reponiéndose del fragor de la bella batalla. Más de dos mil satisfacciones de esas, no creo que sean pocas.

Intentando poner orden cuando Raven y Súper Crazy atacan a LA Park
Intentando poner orden cuando Raven y Súper Crazy atacan a LA Park

“Pero aún no he alcanzado las máximas dentro de la lucha y son dos las que deseo lograr: Primeramente, el poder contar con los medios para poder concluir con mi proyecto de investigación de la década que me propuse recopilar. Y como réferi, aún no siento que haya llegado la máxima satisfacción, pues aunque durante más de ocho años me tocó referear dos veces por semana la misma lucha estrella de los viernes de la México (una noche antes en Cuernavaca y una noche después en Xochimilco), y además que he tenido oportunidad de referear y muchas, muchas veces a todas las grandes estrellas de la lucha en encuentros de gran envergadura, y a pesar de llevar ya más de 2000 funciones refereadas con alrededor de unos 6000 combates, no pierdo la esperanza de que una vez que se supere este bache en el que la lucha ha caído, pueda de nueva cuenta volver a los grades locales. ¿Y por qué no? La México incluida. Y poder ir al extranjero, para otra vez ser el árbitro en combates de gran envergadura, y aquí no tengo por qué recurrir a la falsa modestia, pues estoy capacitado para ello y para mucho más, y dicho esto, aprovecho para enviar un profundo agradecimiento al señor Ricardo Reyes, quien me brindó la confianza, y debido a ello adquirí ese gran fogueo y experiencia con la que actualmente cuento”, finalizó Teddy Baños, historiador a carta cabal.

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