Por MIGREJOK

Parece que la columna de la semana anterior causó una polémica entre los que les gusta y a los que no el concepto de Lucha Libre VIP. Siguiendo en la búsqueda de cualquier cosa que pudiera justificar la existencia de la Lucha VIP, me fui a verla con algunos conocidos, para tratar de encontrar peros, paras y porqués. Cabe señalar que las críticas no son hacia los promotores, que a final de cuentas merecen un respeto por llevar a cabo una fuente de trabajo para luchadores varios, sino al concepto, que si bien está de moda en algunas otras partes, en un evento P O P U L A R como es la lucha libre, sencillamente está de más. Y no basta más que dedicar un par de neuronas para entender que en cuestión de entradas, es preferible tener 1000 personas con boleto pagado de 30 o 50 pesitos, a tener 142 personas que pagan 300 pesos o más. Lo primero que me llamó poderosamente la atención fue ver a la gran cantidad de prensa que cubría el evento. También vi que el cartel que presencié no fue tan rimbombante como los primeros carteles de la empresa, lo que me hizo caer en la conclusión de que a la gente VIP le importa un carajo quien luche. Les pueden poner a Místico o a Mixteco y no notarían la diferencia. Me habían comentado que en ese tipo de funciones había meseros, edecanes que te acompañaban a tu asiento; esos extras que uno no podía dejar de notar como «diferencia» para ser VIP, y que sin embargo, por lo menos en la función a la que asistí no vi por ningún lado. Pero comenzó la función y me quedé sorprendido de ver que lo VIP se quedó sólo en el costo de la entrada. Las luchas se llevaron a cabo abajo del ring, y hubo varios luchadores que se metieron con los fresitas de primera fila. Como nota chistosa, un muchacho se asusto al primer revés vocal de un gladiador. Supongo que creyó lo que se dice del concepto, que sólo con pagar tienes derecho a ofender sin recibir, y vaya susto que se llevó. Salí de la función sintiéndome un poco más VIP que de costumbre, pero con menos dinero en el bolsillo; defraudado, pero triste, pensando en lo que este concepto, que no tiene nada que hacer en la lucha libre, podría llegar a lograr. Ante un ambiente tan «cómodo» para los luchadores, si siguen este tipo de conceptos, llegará el momento en que el gladiador optará por no seguir en las arenas populares y dedicarse a cobrar en un lugar donde nunca va a ser exigido. Además de que la lucha VIP es una clara restricción para personas que no pueden pagarla. ¿Cómo le explicas a un aficionado de hueso colorado a Súper Muñeco o a los Payasos que no podrá apoyar a su favorito en una rivalidad que ha seguido POR AÑOS y que va a terminar en un lugar donde el aficionado que NO es VIP no puede pagar? ¿De que sirve atraer aficionados ñoños y fresas que sólo acuden a la función para burlarse de los gladiadores, ofendiéndolos y denigrando al deporte que, poco a poco, y con el esfuerzo de los NO VIP, se ha quitado el mote de patito feo? ¿En serio es costeable este concepto? Usted puede decir: «Bueno, si el concepto no te gusta, cállate los dedos y escribe de otra cosa, que ya habrá a quien le guste», sin embargo, este fenómeno VIP está matando la lucha que nos gusta. De por sí hay promotores hechos al vapor y uno que otro senil que contratan luchadores en cifras estratosféricas y le quitan la oportunidad a los promotores que ya no pueden con esas cantidades. La lucha libre no se inventó ayer, y da pena el ver que personas, personalidades y compañeros del ambiente la están echando a perder. Lo malo es que no se han enterado de que algunos sólo están cavando su propia tumba. Podemos comprarnos una goma y borrarnos. Esta columna VIP ha terminado. O sea, ¿no?

Advertisements