Hablar de Rossy Moreno es hablar de tres décadas y media dedicadas a la lucha libre, a la reivindicación de la mujer dentro del deporte espectáculo, y del valor que el profesional del cuadrilátero se debe así mismo. Es también hablar del linaje y de la casta que, como primogénita, defendió e inculcó en sus hermanos y sus hijos.

Alguna vez su señora madre, la consentida Güera, recordaba al que escribe y a nuestro compañero Israel Velázquez sobre el sacrificio que significó para la familia Moreno la construcción de la Arena Azteca Budokan en la populosa Ciudad Nezahualcóyotl.

Mencionó lo difícil que fue lidiar con las autoridades, pues el proyecto había quedado en medio de un cambio de administración municipal y la nueva no cedía la autorización. Sin embargo, ellos no pararon en la edificación de su sueño, lo cual ocasionó un problema con las autoridades, mientras que el líder de la familia, el “Acorazado” Moreno, no se encontraba en la ciudad, pues andaba de gira.

La valiente madre dio la cara ante los gestores municipales, quienes con lujo de arbitrariedad la llevaron detenida, Rossy, entonces una niña, no sólo encaró a los policías —quizá por eso se ganó a pulso su sobrenombre de guerra, La Fierecilla—sino que se hizo responsable de sus hermanos, además de pedir ayuda a sus vecinos y familiares. Mientras, el embrollo se aclaró y la Güera retornó a casa.

Esta pequeña historia revela la personalidad que Rossy tuvo desde siempre: Una mujer responsable y comprometida. Cuando llegó la hora de subirse al ring, Rossy no dejó duda que, como dice el refrán, lo que se hereda no se hurta, y en poco tiempo pasó a ser una verdadera protagonista del género femenil en la lucha libre, ya fuera haciendo esa dupla de rudeza al lado de Lola González —como Las Monjas Malditas—o por su propia cuenta enfrentando a las consentidas Irma Aguilar, Irma González, Vicky Carranza y Pantera Sureña, sólo por hacer mención de algunas.

Únicamente la maternidad la pudo retirar. Fue a mediados de los ochenta, pero el retiro fue sólo momentáneo, pues años después, una madura pero vitalizada Rossy volvió por su fuero a sembrar el terror entre la nueva generación de técnicas, a las cuales dominó, e incluso se proclamó reina de ellas tras vencer en la final del Reina de Reinas del año 2000 a Xochitl Hamada, Martha Villalobos y Miss Janeth.

Hoy, Rossy Moreno no ha perdido esa personalidad aguerrida, pero la edad sí le ha dado madurez. En una entrevista con EFE, la gladiadora de mil batallas comentó:

Rossy Moreno
Rossy Moreno / Foto: Alejandro Islas

“Soy muy famosa, me han hecho mil reportajes, no busco la fama, ya no…”

También recordó sus orígenes:

“Nací dentro de un mundo de hombres, de lucha libre, donde me he desenvuelto toda mi vida desde que tengo uso de razón. Es parte de la esencia de mi familia, de una dinastía de luchadores realmente fuerte, con un prestigio dentro de este mundo, un mundo de hombres.

Rossy Moreno vs. Vaquerita
Rossy Moreno vs. Vaquerita / Foto: Israel Velázquez

Son muy machistas, no están acostumbrados a que una mujer llegue y los mande. La fortuna que tengo es que soy promotora y luchadora… y tengo esa enorme suerte de haber nacido en el mundo de la lucha.

Pero las verdaderamente fuertes somos las mujeres. Con mucho esfuerzo, al final los hombres han aprendido a respetarnos”.

Aunque es muy sincera al hablar de varias compañeras de oficio:

“Hay muchachas muy sexys, encueradas, nada más usan bikinis. Mi traje es totalmente cerrado, tapado. Así me siento cómoda”.

Rossy Moreno y Sexy Lady
Rossy Moreno y Sexy Lady / Foto: Israel Velázquez

También aprovechó para hablar de su inspiración, la querida Güera:

“Mi madre es tan madre. Traigo su esencia. Una mujer que, pese a su edad, es tan matriarcal, tan triunfadora en la vida. Trabaja todo el santo día, es promotora, administra sus locales, su arena. He aprendido de ella”.

Recuerda su peculiar niñez:

“En mi infancia jugaba con mis hermanas, a pegarnos, entrenaba cinco o seis horas diarias y manejaba el ring… Mi niñez fue trabajar y trabajar, no teníamos tiempo para jugar con muñecas, crecimos luchando.
Mi papá tuvo cinco hombres, no tuvo hijas. Sabemos defendernos perfectamente gracias a esa educación”.

Rossy Moreno
Rossy Moreno / Foto: Rostro Oculto

Habla de lo que significa subirse a un cuadrilátero:

“Siempre me he sentido muy nerviosa antes de subir al escenario. Incluso me he querido rajar. Pero siempre lo he logrado. Ya en el ring olvido todo y hago mi trabajo y disfruto muchísimo.
Es muy peligroso, puede ser hasta mortal. O te puede anclar en una silla de ruedas por el resto de tu vida”.

Rossy sabe que la vida sigue y aunque aún activa ya piensa en el retiro, por eso confiesa:

“Me quiero retirar con la frente bien alta”.

 

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