"Me maltrataban tanto en la escuela que pensé en el suicidio":Uriah Hall

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Uriah Hall es un peleador de artes marciales mixtas en la división de peso medio. Mide un metro con 86 centímetros y pesa 84 kilos y fracción. Ha peleado con Chris Weidman (antes de UFC) lo cual da cuenta de su calibre. En UFC tiene marca de 3 a 3, 10 a 5 de manera global.

Sin embargo, cuando hace memoria, recuerda que todo esto pudo o haber sucedido.

A los 14 años, era un chico no atlético, recién llegado de Jamaica que junto con su madre, buscaba una mejor vida en Estados Unidos. Sin embargo, en ese momento, su vida no mejoró.

Fue víctima de acoso escolar o bullying. En muchas ocasiones faltó a la escuela y le mentía a su madre sobre los lugares en que había estado para que no se enterara de que había faltado, de que tenía miedo de que lo lastimaran.

Un día se vio tan desesperado que pensó suicidarse. No cuenta si lo intentó o no, sin embargo, Hall cuenta la historia de ese momento tan doloroso de su vida, donde nada parecía tener sentido. De cómo pasó de ser un chico maltratado a un atleta de élite.

Hall hizo uno de los nocauts más memorables de la historia de UFC
Hall hizo uno de los nocauts más memorables de la historia de UFC

Y por eso cuenta su historia, para que otros puedan inspirarse en lo que le sucedió, para que sepan que sí hay salida y que nunca, nunca, hay que sentir pena por lo que somos o sentimos.

A continuación, la historia de Uriah Hall.

Tenía 14 años y mi vida había acabado. O al menos así quería que fuera.

Ahora me ven el televisión, golpeando personas en la cara o pateándolas en la cabeza. Ahora soy uno de los mejores pesos medios de UFC, la compañía de artes marciales mixtas más grande del mundo. Y por poco, todo eso no sucede. Nada de eso.

Hace dieciséis años, me había dado por vencido. Yo no quiero seguir con la vida. Quería que todo llegara al final y estuve muy cerca de lograrlo. No hablo de ello a menudo (sobre todo porque el hombre que soy hoy en día ha cambiado mucho respecto al chico que era, que se creía tan poca cosa), pero espero que al compartir mi historia, ayude a otros a que sepan como valerse por sí mismos, a creer en sus habilidades y su valía como persona, y a darse cuenta de lo importantes que son.

Me mudé de a Queens, Nueva York, cuando tenía 13. En comparación con las personas que conocí, todas eran diferentes a mí. Mi ropa, mi acento, mi piel, todo. La gente tiene miedo de lo que es diferente. Me doy cuenta ahora, muchos años después, que era la propia inseguridad de los demás lo que les provocaba miedo, pero en aquel entonces, sentí como si el débil fuera yo, no de ellos.

Casi inmediatamente después de que llegué, el tormento comenzó.

Yo era una víctima de intimidación sistemática y grave. No importaba que mi madre hubiera llegado a este  país en busca de una vida mejor para nuestra familia; eso no era importante para quienes me maltrataban. Su miedo, su odio, su ignorancia, su falta total de humanidad, eclipsaron cualquier oportunidad que tenía (o así que pensé) de experimentar el sueño americano, que como tantos inmigrantes, tenían delante de mí.

Hall no siempre fue una persona llena de confianza y vivió deprimido mucho tiempo
Hall no siempre fue una persona llena de confianza y vivió deprimido mucho tiempo

Con el tiempo, la intimidación llegó a ser tan agresiva y tan implacable, que llegué al punto en que simplemente no quería ir más a la escuela. Empecé a faltar a  clases, le mentía a mi mamá sobre dónde había estado. Caí  y cuando la culpa y la vergüenza abrumadora finalmente se me motivan a volver a la escuela, me encontraría irremediablemente perdido y demasiado atrasado en el trabajo de clase.

Evitar el acoso era lo único que me importaba. Había días en los que, literalmente, no podía salir de la cama en la mañana por el temor que sentía. Con el tiempo,  las cosas se pusieron peor y comencé a tener pensamientos violentos. Consideré herir a otras personas, algo que a pesar de mi profesión actual, no es algo que está en mi naturaleza.

Por último, consideré el suicidio. Y aunque los detalles de mi intento no son importantes, lo que importa es que yo estaba tan desesperado, tan abatido, me sentí totalmente solo, entonces traté de acabar con mi propia vida. Eso es lo malo que fue el acoso escolar.

A día de hoy, las cicatrices emocionales de mi juventud todavía están allí, y que sin duda estarán allí, bajo la superficie.

Sin embargo, enfrenté mis miedos y lo único que me impedía hacer algo malo (contra mí u otras personas) era el gusto por las artes marciales, mismo que he tenido desde niño. Al crecer, una de mis cosas favoritas en el mundo era ver películas de artes marciales. Incluso antes de que comenzara el maltrato, yo sabía que quería practicar artes marciales.

Al principio mi mamá no podía pagarme clases de karate, así que fui ingenioso. Si no tenía clases, yo mismo aprendería. Así que, lo hice a través de los videojuegos. Algunas de las técnicas que actualmente utilizo  (como la patada giratoria hacia atrás que hice en en The Ultimate Fighter hace dos años), la aprendí en Génesis Sega o Nintendo 64. Es algo loco, lo sé, pero también es cierto.

Con el tiempo, mi madre ahorró suficiente dinero para pagar las clases reales. En retrospectiva, el karate no sólo cambió mi vida, la salvó. Las artes marciales se convirtieron en todo para mí: mi padre, mi coraje y mi disciplina. Aprendí a defenderme, para mantener a mis amigos cerca, y a mis enemigos más cerca. Me ayudó a tomar las decisiones correctas (la mayoría de las veces), a entender mejor a la gente, a ver las cosas desde una perspectiva diferente, y a confiar en mi instinto.

Entré a las artes marciales de inmediato, obtuve rápidamente mi cinturón negro y gé numerosos torneos. 15 años después,  aquí estoy en el UFC, con 10 victorias profesionales, y uno de los nocauts más famosos  de todos los tiempos... todo antes de los 30 años. Mi objetivo principal es ganar el cinturón de peso medio de UFC, todavía tengo muchas más cosas por hacer con mi vida, en parte porque es una vida que casi no llego a vivir.

Tal vez por eso la gente tiene tantas dificultades para entenderme, o se pregunta por qué no tengo el llamado "instinto asesino" en la jaula. Lo entiendo (por encima, soy negro, soy temerario e intimido a la gente). Algunos ven lo que hago para ganarme la vida y esperan ver violencia. Pero en el fondo  ni siquiera soy así. Soy más como mi madre, un alma gentil. Ella es la persona más positiva que he conocido. Está llena de amor, es el tipo de mujer que no dañaría ni a una mosca.

Y no me molesta si no me ven así. Si en algo me parezco a mi mamá, para mí es algo bueno. Después de todo, ella es la responsable de asegurarse de que me encuentre en el camino correcto. No voy a defraudarla, y no voy a dejar que la opinión que la gente tengasobre mí me distraiga de lo que quiero hacer, ya sea dentro del octágono o fuera de el. No más. Esos días han terminado.

¿Ahora qué sigue? Eso es fácil. Ganar la próxima pelea.

Sin embargo, con el tiempo aprendió a reconocer su valor como persona y supo encaminarse de un modo positivo: las artes marciales mixtas
Sin embargo, con el tiempo aprendió a reconocer su valor como persona y supo encaminarse de un modo positivo: las artes marciales mixtas

Finalmente, quiero otra oportunidad contra Chris Weidman. Él es el campeón y fue el primero que me derrotó profesionalmente hace cinco años en un pequeño evento en Nueva Jersey. Más importante aún, fue el primer hombre en hacerme sentir miedo, desde los días en que me acosaban en la escuela.

Las artes marciales mixtas no discriminan. Tarde o temprano, casi todo el mundo será derrotado o apabullado. A mí me pasó contra Chris, cuando me permití el miedo se apoderara de mí y me distrajera de mi objetivo. Ahora sé que el miedo es sólo una ilusión. Lo que importa es cómo lo manejas.

Sí, hasta cierto punto, sigo siendo el mismo niño inmigrante que fue maltratado en Queens y quiso renunciar a la vida, pero hay una gran diferencia entre el miedo que sentí de niño al que sentí como peleador profesional. Cuando esté listo y pueda volver a enfrentar a  Weidman, tal vez a finales de, año en el primer evento de UFC en el Madison Square Garden, no muy lejos de esas calles donde crecí, ya veremos.

Algún día, cuando deje las jaulas, espero cambiar el mundo a mi manera, aunque sea un poquito. Hasta entonces, si puedo usar mi influencia como peleador de UFC para lograr un cambio positivo de cualquier manera, seré feliz con eso. Sólo sé que soy más que el hombre que pelea en TV. Hay mucho más para mí en la vida que nocauts.

Tardé una vida en aprenderlo, pero ahora sé que ninguno de nosotros tiene que pedir disculpas por lo que somos y ninguno de nosotros tiene que aceptar que los demás nos traten con menos respeto del que merecemos. No importa si se es más pequeño, más débil o se tiene un aspecto diferente al de otras personas. Está bien tener miedo, pero nunca, nunca se debe creer que lastimarse o lastimar a los demás es la respuesta.

En vez de eso, hay que hablarlo (el abuso) con la familia. Comentarlo con un amigo o maestro. Pero si no les queda alguna otra alternativa, entonces búsquenme. Estoy bastante seguro de que nadie los molestará si saben que me tienen como apoyo.

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