En 1989 los mejores años del cine de luchadores ya habían pasado. La época donde los cines mostraban largas filas para ver a los ídolos enmascarados enfrentando a seres malignos había decaído tras ser un nicho que generó recursos importantes a una inconsistente industria del cine mexicano.

En ese contexto, José Buil estrenó su ópera prima que llegaría al estatus de película de culto: La leyenda de una máscara. En un tono de novela noir, presenta las vivencias del periodista Olmo Robles por reconstruir la vida del más grande luchador: El Ángel Enmascarado.

El elenco reunido fue de primera: Damián Alcázar, Pedro Arméndariz, María Rojo, Héctor Ortega. Gina Morett da un toque especial al filme, el enlace entre la sátira de la historia con la realidad al incursionar previamente en otros trabajos de luchadores. El trabajo mereció cuatro premios Ariel (ópera prima, fotografía, ambientación y actor de cuadro).

José Xavier Návar narra el génesis de este trabajo en el libro ¡Quiero ver Sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores (UNAM, 2011). A manera de trabajo final para egresar del Centro de Capacitación Cinematográfica, José Buil planeó realizar un documental sobre El Santo. La investigación realizada lo hizo cambiar de idea al crear un cortometraje donde presentó una parodia del luchador. El trabajo final, titulado Adiós, adiós, ídolo mío (1981) causó molestia ante en el luchador y su familia.

La exhibición se limitó a unas cuantas personas. En una de ellas, según relata un apartado del libro, integrantes de la familia Guzmán casi golpean al cineasta. La situación le impidió volver a usar la imagen del enmascarado plateado. Buil no claudicó en su interés de llevar a la historia a un público amplio, así que tomó diversos pasajes en la vida de Rodolfo Guzmán. Son claros los guiños al empresario José G. Cruz, Carlos Suárez (eterno acompañante del Santo) y presentar a su hijo recién nacido con máscara como si fuera su rostro habitual.

Para hablar sobre la trascendencia de la película a casi treinta años de su estreno, busqué al director José Buil, quien decidió cederle la palabra a su personaje, el protagonista de la cinta: el periodista Olmo Flores. La cita de la entrevista fue un inmueble sobre la calle de Bucarelli en la Ciudad de México. A unos pasos de la ‘esquina de la información’, él seleccionó el punto de reunión por la historia de la zona y ambiente propicio para la charla.

Su rostro muestra el paso de los años: arrugas y escaso cabello con canas. Un par de botellas vacías sobre la mesa demostraron que llegó con antelación a la cita. Su aliento emana el aroma de alguien que fuma con regularidad. Su mente mantiene la agilidad de los mejores años. 

«Mi nombre es Olmo Robles, no Flores. Es increíble que un aspirante a periodista tenga ese error», dice con molestia al reportero cuando al saludarlo, por error, cambió su apellido. A pesar del roce inicial la charla posterior fluye sin problema.

¿Qué ha pasado con Olmo Robles tras su arresto a finales de  los ochenta?

«Estuve varios meses en la cárcel por falta de dinero para pagar la fianza por cometer un delito menor (profanar una tumba). Al salir (de la cárcel), vi que mi mujer se había ido con otro y la revista ‘Costalazos’ quebró por la muerte del director y propietario. Ahora me dedico a escribir sobre rock & roll, cómics y otras tonterías, para no comprometerme a nada y ganar algo de dinero porque tengo que pagar el cuarto de azotea donde vivo».

En el libro «Quiero ver sangre: Historia del cine de luchadores», José Xavier Návar relata el origen de Adiós, adiós, ídolo mío y un posterior desencuentro con la familia de El Santo ¿sabe algo al respecto?

«Yo nunca vi la película ‘Adiós adiós ídolo mío’, ni estuve presente en la presentación en la librería Ghandi, pero supe que los hijos del Santo y algunos de sus temibles fans, le quisieron romper la madre al director, pero no pudieron porque el director se dio a la fuga».

¿Qué ha hecho a ‘La leyenda de una máscara’ una película de culto?

«Yo pienso que esa película se hizo famosa porque todo el mundo sabía desde el principio que en realidad trataba sobre El Santo, José G. Cruz, verdadero creador del personaje. Lo interesante del Santo no eran sus hazañas deportivas sino que vivió la cuestión de la doble personalidad, pudo ser un ídolo popular y a la vez disfrutó de un cómodo anonimato».

¿Por qué es complicado conseguir la película? Las primeras opciones para verla es adquirir el dvd importado o abrir cuenta en FilmIn Latino

«Eso pregúntaselo al IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía), quien tiene la película vendida a Televisa por varios años, y recluida en una absurda plataforma a la que nadie accede, por lo que veo».

Hace unos años se corroboró el mito de las películas de luchadores con escenas eróticas con la presentación de ‘El Vampiro y el sexo’. ¿Qué puede decir sobre el tema y el aparente bloqueo para comercializar el material?

«Pues a mí nunca me interesó el sexo, ni el cine de luchadores, ni las luchas y mucho menos los fans, capaces de matar a cualquiera con tal de conseguir un autógrafo. Prefiero ser un periodista anónimo; la fama siempre es incómoda. Y un poeta dijo que era una puta muy cara en la vida de un hombre».

En una industria donde aparecen películas extranjeras de superhéroes con regularidad, ¿es factible regresar al cine de luchadores?

«La prueba de que el cine de luchadores nunca se ha ido y tampoco ha servido para nada, es que estamos hablando de ello. La diferencia es que antes era popular, y hoy día, el cine de luchadores, perfectamente mal facturado es propio para gente naif como los mafiosos José Xavier Návar, Raúl Criollo, Rafael Aviña y Juan Villoro, quién recientemente bendijo ‘La leyenda de una máscara’ y le consiguió más amigos en facebook al director, José Buil, a quién considero pionero en la reevaluación intelectual del cine de luchadores, a partir de las consideraciones de Roland Barthes, sobre el bien y el mal en la lucha libre, en su libro ‘Mitologías’.

El Hijo del Santo anunció el regreso del personaje al cine con la dirección de Alex de la Iglesia, ¿le atrae el proyecto?

«El Hijo del Santo cometerá un grave error al poner a un españolete gordo e ignorante de la cultura mexicana como Alex de la Iglesia (lo único que le gusta es beber vino Rioja y el jamón serrano), a dirigir una película sobre un personaje que no comprende, ni entenderá nunca. Están sus películas para demostrarlo».

En una sociedad llena de información y con varias herramientas para comunicarse, ¿ha perdido la lucha libre su misticismo y colorido?

«La lucha libre mexicana de hoy está compuesta por puros juniors sin idea de la tradición que representan y se han dejado invadir por luchadores yanquis de la peor ralea que siempre les aplican la de a caballo y los vencen».

¿Qué se le puede argumentar a la gente que no le gusta el cine de luchadores? En especial al considerar la aceptación que tiene en mercados extranjeros y seguidores fieles en el país. 

«Nada, porque tienen razón. Las películas de luchadores siempre fueron un montón de basura para entretener a gente ignorante. El cine de luchadores floreció en un país analfabeto, la única película buena de ese género es ‘La leyenda de una máscara’ pero su director está dedicado a otros temas, como el feminicidio y el serial killer mexicano».

La charla no duro más, porque el entrevistado mostró más interés  por conseguir tragos de regalo en lugar de dar material informativo. En una época donde abundan las precuelas, secuelas o remakes, sería interesante ver el regreso del mundo creado por Buil a la gran pantalla. Tal vez el tiempo logre esto. Así se despidió el otrora periodista de lucha libre: «Gracias: Olmo Robles, periodista casi en retiro, aunque ahora colaboro en Milenio y hasta me pagan».

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