Con el cartel de WrestleMania 32 definido en sus combates principales, podemos divagar sobre las ausencias, rivalidades frustradas o apaños de última hora. Sobre lo que no caben especulaciones es con la completa caída de relevancia de The Wyatt Family, y en particular, de Bray Wyatt.  Su derrota en Fastlane ante Ryback, Kane y Big Show (léase, un improvisado equipo), no ha hecho más que acrecentar la sensación de inopia en la que se encuentran, pese a su victoria en la revancha del posterior Raw.

Aún se desconoce el camino que la familia tomará hasta el 3 de abril. Todo apuntaba a Brock Lesnar como rival, pero se desechó la idea, optando por Dean Ambrose (decisión acertada a mi juicio). Numerosos medios y seguidores están mostrando su descontento por esta decisión y en general por el bookeo tan insustancial que los creativos elaboran.

Parece que desde su encuentro con The Undertaker hace casi un año, no supieran qué hacer con Bray Wyatt, luchador en quien quiero centrarme. Y es que aquí estuvo la encrucijada, pues fue derrotado, y la idea de convertirse en «La nueva cara del miedo» se esfumó, o al menos, se postergó. Fue este momento el que los creativos debieron aprovechar para pasar el testigo, planeando una revancha en SummerSlam 2015 en la que hubiera vencido al Deadman. El personaje más interesante que la WWE ha creado desde hace lustros necesitaba una victoria.

The Undertaker y Bray Wyatt comparten un aura similar, pero desde sus comienzos, los parámetros del primero quedaron definidos. No se trata de un personaje tan complejo ni críptico para el gran público. Con esto no quiero poner en tela de juicio la inteligencia del espectador de WWE. Tampoco estoy diciendo que The Phenom sea una creación menor. De hecho, es la mejor que, por ahora, sigue pisando un ring.

Reunir a la familia fue un paso atrás, no sólo para Bray, sino para el otro miembro con más talento: Luke Harper, infravalorado en todos los sentidos. No recuerdo promos tan buenas como la del patriarca de los Wyatt anunciando la independencia de Harper y Rowan y el «advenimiento» de Sister Abigail.

El perfil que envuelve a «El devorador de mundos» parece estar más allá de la WWE. Es la impresión que tuve durante su rivalidad con John Cena. Como si hubiesen creado un personaje demasiado grande para los límites de una empresa de lucha libre. Desde el tema de entrada compuesto por Mark Crozer hasta la filosofía anarco-satánica inspirada en Charles Manson (Abigail Forger fue una de las víctimas de la matanza en la casa de Sharon Tate): todos los recodos de la construcción del personaje son admirables … ¿o demasiado complejos?

 

La incomprensión del público ante las crípticas palabras y actitudes tal vez sea lo que provocó que los guionistas frenaran su desarrollo. Que sea el menos PG de los «productos PG» de esta era también parece un motivo de peso. Pero precisamente ese misterio es lo que hace que siga teniendo un gran apoyo por parte del público en cada show, pues a menudo las cosas que no se comprenden resultan las más atractivas.

¿Qué camino debería tomar su carrera para no caer en saco roto? Ahora mismo, y para recuperar algo de status, la opción del Campeonato Intercontinental resultaría un remiendo aceptable. La otra opción, la opción de no centrarse en títulos, al estilo Taker, parece la más acorde con su talante. Sería genial ver un luchador que rechaza ganar títulos y centra sus actuaciones en la mera destrucción. Pero esta alternativa no es viable si no se crean historias a la altura. O lo diré de otra manera, bookeos que traspasen el concepto de la propia lucha libre. Un desprecio por los cinturones significaría un desprecio directo al principal espíritu que fundamenta la WWE: competición.

Recordemos que el Campeonato Mundial de Peso Completo WWWF se creó, allá por 1963, para diferenciarse del Campeonato Mundial de Peso Completo NWA. Puede decirse que la compañía de McMahon, tal y como hoy la conocemos, se constituyó en torno a un cinturón. ¿Qué credibilidad mantendrían pues sus joyas más preciadas si un luchador decidiera pasarlas por alto? Mientras siga en vigor la política PG me parece aún menos probable que esto ocurra. Tener como meta un título hace que en muchos casos las rivalidades sean menos personales, y por tanto, menos violentas.

Bray necesitaría un protagonismo único en el roster que muy pocos elegidos han disfrutado. Sólo así la concordancia entre lo que dice y lo que hace podría darse, de lo contrario está abocado a no ser tomado en serio. ¿Una «revolución» como la de CM Punk? (Por cierto, ¿no guardan similitudes la Straight Edge Society y los Wyatt?) ¿Un cambio de era como la que trajo Stone Cold?

Aún así, ésas fueron dentro del ámbito luchístico, no salieron de los cauces formales. El encumbramiento de Punk llegó justo tras abandonar el personaje de falso predicador. Entre cerveza y stunner, Austin nuncá habló del fin del mundo. Bray Wyatt, en cambio, es la vieja y nueva historia de la creación que escapa a su creador.

 

Advertisements
Hablamos de