Julio César Chávez se subió de nuevo al ring, tras 10 años de retiro y no decepcionó a sus fanáticos.
Esta vez no había luces de Las Vegas ni título de por medio pero sí una causa tal vez igual de importante (si no es que un poco más) que una pelea por campeonato.
Hace 31 años Chávez ganó el Título de Súper Pluma del Consejo Mundial de Boxeo (que estaba vacante en ese entonces) al ganarle a Mario «Azabache» Martínez por nocaut técnico en el octavo round en el Auditorio Olímpico de Los Ángeles.

Esta vez, a los 51 años, en Culiacán, sin más intención que obtener dinero para ayudar, se replicó esa batalla donde Chávez se hizo del primero de sus tantos cinturones.
Fueron 3 rounds de exhibición donde, no pareció que Chávez tuviera que cuidarse la nariz debido a la cirugía que le hicieron en esa zona y es que se lanzó al frente y tiró tantos golpes como si siguiera activo.
Pero el «Azabache» aún si toda la condición del mundo se echó al frente con grandes golpes a la quijada del gran campeón, como si se estuvieran jugando algo o como si le hubiera llegado el recuerdo de aquella añeja derrota. Sólo el lo sabe, pero en la pelea se vio rudo.
Chávez no le bajó a la intensidad y el «Azabache» le contestó todo, cuando se nace boxeador se es boxeador por siempre y así lo demostraron estos dos hombres.

Durante la narración dentro del cartel de Azteca en el sábado de peleas, Chávez mencionó que se había encendido durante el segundo round por un par de manos que le metió Martínez.
El tercer round bien puede ser la representación real de esa última pelea de Rocky Balboa, donde ejemplifica que el espíritu nunca muere cuando se tiene una meta por cumplir independientemente de la edad.
Y Julio César cumplió lo que quería, congregar a sus seguidores para ayudar a otros que como él lo necesitó, buscan ayuda para tener una vida libre de adicciones.
La noche del 3 de julio, ganaron todos.