Hugo Savinovich saluda a la comunidad de Súper Luchas — ¿Cómo surgió el «Atángana» y su gusto por relatar?

Como informamos hace unas semanas, SÚPER LUCHAS tuvo la oportunidad de conversar en exclusiva con el productor y anfitrión de Wrestling Superstar —empresa chilena de lucha libre—, Hugo Savinovich.

En dicha entrevista, el hijo de Doña Mélida habló sobre sus inicios en la compañía de Vince McMahon, recordó al legendario Eddie Guerrero, destacó la labor de Stephanie McMahon y las mujeres en general dentro de la lucha libre, entre otras cosas.

Además, el ex comentarista de WWE le envió un cordial saludo a toda la comunidad de SÚPER LUCHAS, mismo que pueden reproducir en el vídeo a continuación.

Pero eso no fue todo, pues Savinovich también recordó sus inicios como luchador y la transición que hizo para convertirse en ‘el hombre del micrófono’, además de relatar la historia con el productor mexicano que originó el Atángana, uno de sus gritos más populares en la narración.

Sobre cómo surgió su pasión por la lucha libre:

«En Guayaquil, Ecuador, un niño de 5 años se enamora de la lucha libre cuando ve en televisión a El Santo, el Enmascarado de Plata, contra un paisano mío, El Monje Loco, con una barba larga. Vi a El Santo tirar topes y tirarse un clavado desde la tercera cuerda. Lo vi aplicar una llave de caballo que le había regalado Salvador ‘Gori’ Guerrero, El Ave de las Tempestades, que era su archirrival. Vi a la gente aplaudiendo y a El Santo volar, y le dije a mi madre —a doña Mélida—, a esa edad, que quería ser luchador».

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Homenaje a El Santo, el Enmascarado de Plata.

Sobre sus primeros pasos en la lucha libre:

«Desde los cinco años, me enamoré de esta profesión. A los catorce años debuté como luchador profesional bajo el nombre de La Pantera Asesina y La Pantera Ecuatoriana. Logré capturar dos campeonatos mundiales en República Dominicana contra Jack Veneno, que en ese tiempo era tan famoso como El Santo, el Enmascarado de Plata, o Hulk Hogan. Cuando él entrenaba para luchar por el campeonato, a veces había cinco mil personas viendo su entrenamiento. Era presentado como ‘¡Jack Veneno, poseedor de siete títulos mundiales!’. Pasé por esa etapa, fui Campeón de Parejas del Caribe y Campeón de Parejas junto a Mitsu Ishikawa».

«Antes de que Vince McMahon comenzara con la parte del entretenimiento, yo ya estaba con las locuras mías»

«De luchador, como campeón y todo eso, me fui dando cuenta que esto de estar en el ring —en el tiempo de nosotros— era mucho más lucha y menos espectáculo. Sin embargo, yo ya había comenzado a trabajar en esa parte. Antes de que Vince McMahon Jr. comenzara con la parte de entretenimiento, yo ya estaba con las locuras mías… ahí es que nace lo de ‘La Octava Maravilla del Mundo’, ahí es que nace el personaje de El Muñecazo. Yo lo hice en lugares donde, si lo hacías, estabas arriesgando tu vida, porque era Puerto Rico, República Dominicana. Y lo de ponerme brillo en la cara, los aretes… antes de que los luchadores lo hicieran, yo ya lo hacía. Eran como centuriones romanos creados con diamantes y una estrella».

Sobre su etapa como mánager de algunos luchadores:

«Tenía una inventiva. Yo me enfocaba en que había que sacar toda la violencia de donde fuese necesario y meterle más espectáculo. Veía que era el crecimiento de los niños y pensaba: ‘Si pones a un niño en ringside y ve masacres y sangre, llegará un momento en que eso no será un buen negocio’. No me equivoqué. En este mundo que vivimos hoy en día, llevas a un niño y este ve a un luchador sangrar, es posible que ese niño quede traumatizado. Vas a perder a su mamá y a su papá, y no van a volver. Yo estaba adelantado a mis tiempos y dije: ‘Esto de estar aguantando golpes… debe haber otra cosa’. Y como tenía habilidades con el micrófono, pues comencé con la parte de ser mánager. Hice buen dinero manejando a luchadores rudos de ese tiempo, como Abdullah the Butcher, Bruiser Brody, y quien llegó a convertirse en una leyenda en Japón, The Great Muta, quien conmigo era un joven Super Black Ninja. También manejé a experimentados luchadores famosos de WWF como Mr. Fuji, Professor Toru Tanaka, The Fabulous Kangaroos, The Mongolian Stomper, King Tonga (también conocido como Haku)».

Abdullah The Butcher (o Abdulla El Carnicero) // WWE.com
Abdullah The Butcher (o Abdulla El Carnicero) // WWE.com

Sobre sus inicios como comentarista deportivo:

«Después me comenzó a gustar la parte de la narrativa. Mucha gente no lo ha analizado, pero un buen comentarista y narrador hace la diferencia en una lucha. Hay mundiales de fútbol donde veo la televisión sin volumen y sintonizo radios que hacen mejor trabajo de narración que los que están en la misma televisión. Yo pensé que podía hacer algo como eso. Entonces luchaba y luego me metía dos o tres horas a ver los proyectores —esos con los ‘rollitos’—; veía luchas clásicas, le bajaba el volumen y comenzaba a narrar. Tomaba mis apuntes para ver dónde estaba bien y dónde estaba mal. Comencé también a ver a los narradores de ese tiempo, pero no sólo de lucha libre, sino también de otros deportes, como el baloncesto. Había un argentino que se llamaba Buck Canel, de quien yo tomé una frase para rendirle tributo. Él decía: ‘No se vayan que esto se pone bueno’. También recuerdo a Harry Caray, quien era el anunciador de los Chicago Cubs… comencé a ver lo que hacían estas personas en diferentes deportes».

«Enamorado de la lucha libre como a los cinco años de edad»

«Así fue como hacía mis notas y conforme pasaba el tiempo le dedicaba más horas a aprender. Tomé cursos sobre la psicología del mundo deportivo, no necesariamente de la lucha libre. Seguí practicando y ahí comenzó mi transición de rudo a técnico, de técnico a comentarista, de comentarista a narrador de luchas y de narrador de luchas a productor, a ser el hombre que era la figura del programa. Fueron más de 16 años en Puerto Rico y más de 18 en WWE con Carlos ‘La Voz’ Cabrera. También he adoptado una faceta de crear personajes, de producir espectáculos. Y aquí estamos, enamorados de la lucha libre como a los cinco años de edad».

Hugo Savinovich y Carlos Cabrera en WWE.
Hugo Savinovich y Carlos Cabrera en WWE.

Sobre si firmaría un contrato de exclusividad con alguna empresa:

«Voy a México, hago producciones con AAA e hice narraciones en español para Lucha Underground. Estoy viajando a diferentes lugares y todavía no tengo un contrato de exclusividad. Para tener uno en este momento tendría que ser algo parecido a la oferta que le hicieron a Alberto del Río en WWE. Debe ser algo muy bueno económicamente, y que también incluya una cláusula que me permita seguir haciendo lo que quiero hacer, que es darle gracias a Dios por el rescate que hizo en mi vida y sacar a gente de la cárcel, que puedan tener una segunda oportunidad como yo la tuve. La lucha libre es mi vehículo. Puedo decir que soy como el pastor de mis productores. Soy de los pocos que puede entrar en un camerino y abrazar y orar por Rey Mysterio o Johnny Mundo. No hay muchos pastores que tienen el privilegio que yo tengo. Eso es lo que quiero ser: un instrumento que no sólo bendiga al mundo de la lucha libre, sino también que pueda hacer cosas por los países. Te sorprenderías cómo la lucha libre y un Atángana me da la oportunidad de entrar a sitios donde otros no pueden entrar. El Atángana me abre las puertas para muchas cosas, y todo se lo debo a una fanaticada que es única. La fanaticada de la lucha libre, ya sea en Chile, México, Estados Unidos, se compone de gente apasionada. Son personas que, creo, saben más de mi vida que yo mismo».

Sobre cómo surgió su característico grito de narración, el Atángana:

«El Atángana me ha hecho millones de dólares. Yo era jovencito y trabajé para un productor mexicano de lucha libre —que era productor de boxeo también, pero lo sacaron de ahí porque hizo algo ilegal y por poco lo matan—. Trabajando con él aprendí lo bueno y también lo malo. Era muy bueno para hacer dinero, pero lo perdía todo en las apuestas. Era adictivo y, en ese sentido, fue una mala influencia para mí. Sin embargo, era un tipo muy creativo. De él yo aprendí el arte del micrófono. Un tipo ‘chaparrito’ (de baja estatura) que fue boxeador en México y que llevó la lotería ilegal a Chicago… ese era mi jefe a los 15 años de edad».

Sobre la anécdota entre su jefe mexicano y sus padres:

«Él fue a la casa de mis padres, porque para que un menor pudiera luchar o ser boxeador se necesitaba una especie de licencia con firma de autorización de los padres, como un consentimiento. Fue y habló con mi mamá, pero luego ella me dijo: ‘Si te vas con ese mexicano, olvídate que tienes una madre’. Me dijo eso a los 15 años de edad y yo le respondí: ‘Vieja, esta es mi oportunidad. Yo siento que es mi oportunidad’. Como era pequeño, no sabía que lograría hacer todas las cosas que he conseguido, pero sí sabía que eso era una oportunidad».

«Serás un hombre de micrófono y utilizarás la palabra ‘Atángana'»

«Un día, este señor [el productor mexicano] me dice: ‘Chiquitín, usted algún día ya no será luchador y se convertirá en un hombre de micrófono. La palabra que va a utilizar será Atángana’. Y bueno, yo me dije: ‘Todavía no cumplo 17 años y ya este viejito me está sacando de la lucha, me está poniendo frente a un micrófono y dice que voy a utilizar la palabra Atángana’. Eso refleja cómo una palabra te puede marcar para bien o para mal… Atángana».

Sobre su estancia en WWC:

«Entonces, en un momento dado, me busca Arturo Mendoza —el nombre de este célebre personaje—… por cierto, a día de hoy no se sabe dónde está él, es un misterio. Me dijo: ‘Chiquitín, tengo que irme. Te voy a llevar con Carlos Colón [padre de Carlito, ex Superestrella de WWE], el cofundador de WWC en Puerto Rico. Me dejó ahí y ellos me aceptaron. Pasaron los años y un día Víctor Jovica y Carlos Colón [Presidente y Vicepresidente, respectivamente] me llaman para decirme que habían discutido con Rickin Sánchez, uno de los productores. Él estaba a cargo de la producción y era el centro del programa, porque hacía las entrevistas, producía los eventos y hacía las voces para los carteles. Entonces me dicen que Rickin Sánchez ya no sería parte de la empresa, que desde ese día yo sería el hombre del micrófono. Ahí recordé que alguien me había comentado eso antes… lo de ‘hombre de micrófono'».

Sobre el significado detrás de la palabra «Atángana»:

«Cuando estaba narrando una lucha, de repente digo ‘¡Ahí está! ¡Viene! ¡La catapulta!’ Y de momento, salió esa palabra… Atángana. Era como si estaba adormecida dentro de mí, y se convirtió en mi grito de guerra. Esa palabra ha hecho millones de dólares para mi vida. Atángana es una expresión que él [Arturo Mendoza] entendía podía funcionar para mí. Se basa en una canción de un grupo tropical legendario del Caribe llamado El Gran Combo. La canción se llama Acángana; en el Caribe la palabra Acángana refiere a que hay una bronca o pelea. Y de ahí él creó el Atángana, una palabra que se convirtió en un reflejo de mi narración».

 

LA LUCHA SIGUE...
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