Hace poco menos de cuatro años se remedió una omisión gigantesca, el Gobierno del estado de Tamaulipas publicó, atrasado cuatro años, el Premio Nacional de Cuento Rafael Ramírez Heredia del 2009. El ganador, un joven escritor de la Ciudad de México, buena persona, noble y chilango, de nombre Dán Lee escribió una serie de cuentos conjugados en el título Función Monstruo donde logró recopilar varias facetas, pero donde la lucha libre es el común denomidador. De entre todos los cuentos resalta uno, vivo, voraz, doloroso, pero real, sincero y humano que con siete letras sentencia todo: Villano.

Villano III
Villano III con su sécond, Solar I (10 de abril de 1983).

 

Es un radiografía introspectiva, voluntaria y voluntariosa sobre el autor y sobre una de las figuras más grandes que la lucha libre mexicana ha tenido, Arturo Díaz Mendoza, Villano III. Por derechos, el relato omite a propósito a personajes que de sobra serán reconocidos por el que haya visto lucha libre mexicana entre la década de los ochentas y la de los noventas. Con permiso del autor transcribimos parte del relato, hoy viernes 17 de marzo, cuando la Arena México será testigo del homenaje que en vida se le dará al gran luchador.

VILLANO

Villano III y André el Gigante
Villano III y André el Gigante (10 de mayo de 1992).

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El Villano era un chingón. No hay otra forma de decirlo. El idioma español no alcanza, el mexicano sí. Desde que salía de los vestidores con su traje morado y rosa se notaba su fregonería. Pantera rosa le llamaban en las revistas de lucha. Podría haber portado cualquier otro color, pero él llevaba las mallas, las botas, la butarga y la máscara con orgullo. Demostró una y mil veces que el color no importa para un luchador de categoría. Fue campeón mundial las veces que quiso; expuso los cinturones contra los gladiadores gringos, canadienses, orientales, sudamericanos. Sin tomar en cuenta su peso logró ser una figura a nivel mundial. Si la lucha libre tuviera el estatus que tiene el soccer, por ejemplo, el Villano estaría a la altura de Hugo Sánchez...

Yo no hubiera conocido al Villano de no ser por mi jefe; nos llevaba a mí y a mi brother a las luchas desde que éramos chavitos. Órale, carnal, hazte el dormido. Muchos jueves por la noche entré a la Pista Revolución echado sobre su hombro, fingiendo dormir para no pagar una localidad...

Perro Aguayo, Villano III, Gran Hamada y Dos Caras
Perro Aguayo, Villano III, Gran Hamada y Dos Caras (29 de enero de 1989).

Qué luchones dio en esa época los domingos en el Toreo de Cuatro Caminos contra el Hombre Pez, el Asesino, los Porkys, Pegassus Kid. Al lado del Bifaces, del Bárbaro Vera, del Pequeño Hamada. Pero también qué chingas le pararon. Un montón de veces salía ensangrentado, en camilla. Cuando iba a medio túnel, toda la arena retumbaba con la porra. ¡Villano, Villano! Yo también gritaba, desgañitándome, con la cara roja porque quería ver que mi ídolo se levantara y, madreado y todo, regresara a aplicar una villana o una magistral y saliera una noche más con la mano en alto y la afición con la sonrisa en la face, derechito a comprar una máscara rosa o morada, o ya de perdis una foto o una revista con el Villano en la portada...

Nos alejamos de las luchas, nomás de vez en cuando las veíamos en televisión, pero no nos latía, ni de chiste eran lo mismo que en vivo, además de que eran de otro elenco.

Atlantis vs. Villano III
Atlantis vs. Villano III (17 de marzo de 2000).

Lo siguiente que supe del Villano fue que había perdido la máscara. Un sábado en la noche. Tenía sed y andaba en la calle. Me acerqué a un puesto y pedí un Boing de guayaba, pero el puestero ni me peló, no dejaba de ver su tele portátil blanco y negro. Reconocí la voz del Doctor Linares, el comentarista de la televisión. Mencionó al Villano. ¿Qué chingados? Si mi ídolo no salía en las luchas de tele, no alternaba con las figurillas quesque luchadores del Consejo Mexicano de Lucha Libre. Me fijé. Sí ahí estaba, aunque no se veía lo rosa de su uniforme entre los grises de la mugre pantallita. Era un mano a mano con el Atlántico, estrella de esa empresa. Lo que sea de cada, le estaba dando batalla al Villano. El Doctor Linares a puro grito, bien emocionado. Entre uno de sus berridos me enteré que se jugaban las incógnitas. La boca se me secó más. Había visto al pantera rosa apostar la máscara varias veces en El Toreo, pero siempre confiado de que ganaría. Era demasiado chingón para perderla y además no iba a ser derrotado ante su público. Pero esta vez era diferente. En la Arena México la figura era el Atlántico, con prácticamente todo el público a su favor. Además, el Villano era mínimo diez años más viejo que la última vez que lo vi y entonces ya le andaba llegando a los cuarenta. Tragué baba con dificultad. Distraje un momento al puestero para pagarle el Boing. Desenvolví el popote, lo encajé en el agujero plateado y empecé a sorber mientras el puto del Atlántico se zafaba de una magistral, uno de los castigos con los que regularmente el Villano cerraba la noche... Traté de hacer cuentas, ¿cuántos años tendría el Villano? Vinieron algunas llaves más pero ninguna logró el objetivo. Meneé la cabeza anticipando el dolor.

El Villano se rebotó en las cuerdas, el Atlántico lo cargó, vuelta al mundo, quebradora en todo lo alto. No era la primer vez que el rival de mi ídolo intentaba ganar una máscara con ese movimiento. Mi héroe sufría el castigo a la columna sobre los hombros del de capucha clara. Como el chingón que era, el pantera rosa aguantó. Más de un minuto lo tuvo arriba el Atlántico. Yo esperaba que en cualquier momento se le doblaran las patitas y tendría que liberarlo, pero nel. Se dejó caer de rodillas sobre la lona, arqueando de fea forma la espalda del Villano. No aguantó. Mi ídolo se rindió.

No quise ver lo que seguía, la humillación de despojarse del trapo empapado de sudor, la ceremonia de dejar de ser un héroe, un personaje inmortal, para integrarse a la canalla, a la bola de güeyes con nombres y apellidos, con fecha de nacimiento y todas esas tonterías que identifican a la gente común. No más misterio. No más incógnita. No más magia. No más Villano.

Caminé en chinga, queriendo alejarme de la idea...

Una cuadra adelante, en un puesto de tacos también veían la lucha. Pudo más la curiosidad. Quise saber quien era el cabrón que por mucho tiempo fue el mejor del mundo en lo que hacía... De rodillas en el centro del ring, el derrotado aflojó poco a poco la agujeta de la máscara rosa. Al terminar puso las manos en la cintura y la mirada en la lona. Inclusive Atlántico respetó el momento; en una esquina, sin aspavientos, dejó toda la atención en el derrotado. La mano derecha de mi héroe subió a su rostro. Los fotógrafos se apelotonaron en un lado del ring, empujando al camarógrafo de la televisión. La pantalla tembló un poco mientras el Villano arrancaba la tela que fue su segunda piel por más de veinte años.

Villano III
Villano III (17 de marzo de 2000).

La cara que quedó al aire me contagió inmediatamente de su tristeza. Lloraba. Tranquilo, pero lloraba. Se parecía a mi jefe, un chingo: en las cejas pobladas, en el cabello ralo sobre la frente, en los rasgos chatos, indios, en el gesto.

...Hace mucho que no extrañaba a mi jefe, ¿para qué? Él anda en sus bisnes, en su vida y nosotros en la nuestra. Pero fue chido con nosotros, al menos mientras fuimos niños, ya luego...

...Cuando era chamaco me creía lo que leía en las revistas. Que si el luchador se transforma al ponerse la máscara, que si el personaje se adueña de la mente y al subir al ring el gladiador se convierte en un ente sobre humano, demoníaco o aquello que representa la capucha. pend***das. Desde ese sábado en que vi el rostro de don Arturo, porque así se llamaba el Villano, me di cuenta de que la lucha no era la fantasía épica que me imaginaba cuando estaba morro. Nel. Los luchadores son unos cabrones que por lo que sea decidieron ganarse la vida rompiéndose la madre con otros compas igual de locos o de jodidos que ellos. Son personas fuertes, valientes, con familias o vicios que mantener. Que tienen que entrenar un chingo para que las rutinas salgan bien y no se madreen ellos ni sus compañeros.

Función Monstruo: Homenaje al Villano III 1
Apolo Dantes y Villano III se enfrentaron en duelo a ras de lona / Foto cortesía de Dantes Lucha Factory para Súper Luchas

Creí que el día que conociera la face del Villano iba a dejar de idolatrarlo. Cuando lo vi el día que abandonó la capucha en el ring: un ñor algo ruco, derrotado, feo, medio gordo, con el Atlántico levantándole la mano para hacerlo para hacerle menos culero el trago, me pregunté cómo chingados pude venerar a un güey tan equis por tanto tiempo. Me salí de la taquería con esa duda, añorando los días del Toreo. Pero lo que luchaba no era la máscara, era él. Ese ñor con cara azteca fue el campeón mundial semicompleto más de una década; el viajó a Japón, a Sudamérica, a Europa; él tiene un repertorio de decenas, sino es que cientos de llaves y recursos a ras de lona. Él con su cuerpo gordo, con la frente y la barbilla hechas cagada por tantas cicatrices. Él es el Villano.

Perro Aguayo vs. Villano III
Perro Aguayo vs. Villano III. Séconds: Solar I y Tamba. Réferi: Shadito Cruz (3 de mayo de 1987).

...Siempre pensé que el pantera rosa tendría un nombre legendario; no sé, Aquiles, Perseo, o hasta Sansón, que sería de alguna región misteriosa e ignota, un hombre de eterna lozanía y vigor... Supe que se llamaba Arturo, que nació en el cincuenta y tantos originario del D.F., de la colonia Morelos, luchador desde los dieciséis años. Toda una vida de sobarse el lomo de lo lindo; a veces literalmente, cuando los espaldazos estaban muy recios. Supe también sin leerlo que desde ese día el Villano decía adiós a las funciones importantes, a las arenas repletas por su presencia. Pocos son los ídolos que pierden la máscara y pueden sostenerse en el estrellato, y los que lo logran son jóvenes. El pantera rosa no perdió ni un gramo de calidad, pero el público no entendería eso, ellos querrían al Villano y no a don Arturo...

Función Monstruo: Homenaje al Villano III 2
Villano III se emociona hasta las lágrimas durante un homenaje en Tizayuca, Hgo. Foto Carlos Acosta

Si usted gusta leer completo este o los demás cuentos de Dán Lee que contiene Función Monstruo los puede conseguir en este link.

Cuando se presentó el libro hace cuatro años, el propio Villano III escuchó de voz del escritor el cuento, conmoviéndose hasta las lágrimas pues afloró ese ser humano que se encuentra siempre detrás de la máscara y de la fama, el hombre de verdad, el que no tiene miedo de llorar.

Villano III llora mientras Dán Lee narra "Función Monstruo" / Foto de Carlos Acosta
Villano III llora mientras Dán Lee narra "Función Monstruo" / Foto de Carlos Acosta

 

Gratitud plena a Dán Lee por este homenaje tan merecido a don Arturo Díaz Mendoza, el único y gran Villano III.

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