El 28 de julio de 2013, Baby Pérez se desmayó durante su lucha en la Arena Ángeles, de la colonia Santa Julia, en Pachuca. El robusto luchador había sido diagnosticado con insuficiencia renal crónica en enero de ese año y comenzó a someterse a hemodiálisis. Muy a su pesar tuvo que retirarse de la lucha libre, y lo hizo con un merecido homenaje en esa arenita donde también era promotor.

Baby Pérez con Rambo, Black Terry y Ultraman.
Baby Pérez con Rambo, Black Terry y Ultraman.

Edgar Pérez García había sido aficionado al deporte de los costalazos desde pequeño, e incluso de manera accidental le zafó el brazo a su mamá Rosa María cuando jugaba a imitar a los ídolos del ring. Originario de Apan, Hidalgo, en 1997, a los veinte años de edad, se dirigió a Pachuca para ser entrenado por Makara I, Ralf García y Chamaco Robles.

Como Diamante Negro.
Como Diamante Negro.

Debutó en el Deportivo Once de Julio, en la capital hidalguense, usando el nombre de Diamante Negro. Sin embargo, no se sentía cómodo con el nombre y el equipo, así que lo modificó en el de un niñote, convirtiéndose en Baby Pérez el 12 de diciembre de 1998.

Cuando AAA lo programó para funciones en Pachuca y en Tulancingo, debido a su atuendo lo nombraron Súper Ñoño, pues en esos días estaban de moda los luchadores inspirados en los personajes de Chespirito. Incluso luchó en la empresa extrema X-LAW, haciendo pareja con Niño de la Calle, quien aparecía vestido como el Chavo del Ocho.

Baby Pérez fue de los primeros luchadores mexicanos en hacer uso de las redes sociales, estableciendo amistad con varios fans e incluso convirtiéndose en un personaje de un foro de luchas virtuales cuyos resultados aparecían en la edición impresa de SÚPER LUCHAS.Baby Perez SL

Siempre simpático y ocurrente, amaba realmente a la lucha tanto como amaba a su familia, y aunque se retiró de los encordados, le dedicaba tiempo con las funciones en la Arena Ángeles, con el proyecto de una revista de lucha hidalguense y con homenajes a veteranos locales.

El mal en los riñones empeoró. No era una cuota que cobrara la lucha libre, por lo que no la creía justa. La enfermedad crónica lo tenía débil y en espera de las temidas hemodiálisis. Así aguantó, con una sonrisa, hasta el día de ayer.

Descansa en paz, Edgar.

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