El síndrome del Campeón WWE que no evoluciona — La diferencia entre hacer un cambio y liderar el cambio

La competencia es el elemento que mueve a las Superestrellas de WWE y las dota de un propósito. En ese sentido, el Campeonato Mundial de Peso Completo WWE —ahora renombrado únicamente como Campeonato WWE—se consagra como el objetivo final al que cada luchador aspira. El motivo roza lo evidente: dicho título otorga el protagonismo estelar, una posición estable en el cartel y una etiqueta de ‘rostro principal de la compañía’, aunque esta sea momentánea.

Pero no todo es color de rosas cuando se trata de convertirse en el líder de la empresa de Vince McMahon.

// WWE.com
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De los últimos portadores de este título, podemos destacar a Brock Lesnar, Seth Rollins, Roman Reigns y, ahora, a Dean Ambrose. Ni Sheamus ni Triple H pueden considerarse debido a que sólo fueron campeones de transición y ayudaron a que otra Superestrella elevase su estatus.

A cada reinado de estos campeones mundiales se le ha criticado algo en particular: a Brock Lesnar que defendía el título cada dos o tres meses, a Seth Rollins que hacía trampas constantemente, a Roman Reigns porque no estaba listo para ser el rostro principal de la empresa y, aunque hace varios meses parecía haberse convertido en el nuevo consentido del Universo de WWE, a Dean Ambrose porque ahora es un ‘luchador aburrido que repite los mismos movimientos’.

Dean Ambrose como nuevo Campeón Mundial de Peso Completo WWE en la última edición de Raw (20-06-2016) / WWE ©
Dean Ambrose como nuevo Campeón WWE en un episodio de Raw (20-06-2016) // WWE ©

Los tres protagonistas padecieron —o padecen—el síndrome del Campeón WWE. Y si lo analizamos detenidamente, dos de las tres Superestrellas ‘criticadas’ —Lesnar y Rollins— lograron salir airosas de sus respectivos reinados y recuperar el respaldo de la audiencia (el caso de Reigns es más complicado). El verdadero problema radica en que surge una carencia de empatía entre directiva (o manejo creativo) y aficionados, donde el mayor perjudicado resulta ser el campeón vigente.

Enfoquemos nuestra atención en Seth Rollins. Si nos remontamos a WrestleMania 31, Brock Lesnar debía defender el título mundial ante Roman Reigns y el panorama no lucía muy alentador para los fanáticos, ya que si Lesnar ganaba no volvería a defender el campeonato en meses; y si Reigns vencía se generaría una atmósfera de descontento por el rechazo a su personaje.

Lesnar vs. Reigns - WrestleMania 31

El Universo de WWE rogaba por alguien que hiciera un cambio, y ahí fue cuando Rollins apareció. Un villano —que en esos momentos era de los rudos principales de la empresa (como ahora)— fue ovacionado por el Levi’s Stadium porque hizo un cambio y capturó el Campeonato Mundial de Peso Completo WWE.

En ese momento, de forma involuntaria y automática, la responsabilidad de liderar a la empresa reposaba sobre Seth Rollins. ¿Estaba El Arquitecto listo para liderar WWE? Quizás no, porque hasta el último aficionado que lo respaldaba se cansó de verlo defender el campeonato mundial a costa de interferencias, trampas o controversias.

Rollins WrestleMania 31

Y uno puede preguntarse el porqué, si es el mismo Rollins que veneraron cuando venció a Roman Reigns y Brock Lesnar en WrestleMania 31. Pues paradójicamente, por ser el mismo Rollins es que ahora los fanáticos le daban la espalda.

Una Superestrella que persigue el título mundial no se percibe de la misma manera que una Superestrella que lo ostenta. La primera anhela conseguir un sueño, la segunda vive el sueño. La primera escala, la segunda alardea. La primera pretende hacer un cambio, la segunda debe liderar el cambio. Cuando una Superestrella pasa de perseguir el campeonato a capturarlo, surgen estas diferencias donde la empatía entre directiva y fanáticos se disuelve.

Seth Rollins - MITB 2015

La personalidad del campeón no cambia. Seth Rollins fue un villano tramposo, cobarde y oportunista con o sin el título mundial en su poder. La directiva no tuvo problemas en exprimir ese concepto, porque era la Superestrella destinada a hacer el cambio en la empresa; sin embargo, para los fanáticos Rollins ya había hecho el cambio, ahora debía liderar el cambio y asumir la actitud de un Campeón Mundial de Peso Completo WWE.

En medio de ese caos, donde chocan las percepciones sobre cómo tiene o no tiene que comportarse el campeón mundial de la empresa, el desfavorecido termina siendo —paradójicamente—el mismo campeón mundial.

Los aficionados esperan —y exigen—que la Superestrella elegida cumpla con un cierto nivel de expectativa que ellos han idealizado sobre lo que un monarca debe ser; mientras que la directiva sobrecarga a esa Superestrella con la misma personalidad que lo llevó a la cima.

En la mezcla de ambos casos, y a mediano o largo plazo, se puede terminar por dañar la reputación del personaje, afectando a luchadores que se perfilan como los encargados de liderar esta nueva era.

Seth Rollins, Dean Ambrose y Roman Reigns en la pasada edición de Raw (20-06-2016) / WWE ©
Seth Rollins, Dean Ambrose y Roman Reigns en una edición de Raw (20-06-2016) / WWE ©

A Dean Ambrose le está sucediendo, por eso el tema viene a colación. Para los fanáticos, el Dean Ambrose campeón mundial no se concibe como el Dean Ambrose víctima del sistema que luchaba contra las adversidades, y que era un lunático que actuaba por sus propios intereses. Del Dean Ambrose campeón mundial esperan que lidere el cambio; del Dean Ambrose víctima del sistema esperaban que hiciera el cambio.

Y por eso es que ahora han surgido comentarios y opiniones divididas en torno al reinado de El Lunático Radical: ya hizo el cambio al convertirse en Campeón WWE, pero nadie sabe si está preparado para liderar ese cambio. Sus combates, que antes podían pasar desapercibidos —o que no afectaban tanto a su imagen de ‘víctima del sistema’—, ahora se han convertido en objeto de análisis para los fanáticos.

Dean Ambrose vs. Brock Lesnar, WrestleMania 32 / WWE Dean Ambrose vence a Luke Harper en WWE Extreme Rules 2015 / WWE ©
Dean Ambrose vs. Brock Lesnar, WrestleMania 32 / WWE ©

Aferrarse a la idea de que Ambrose es un luchador aburrido porque no estuvo a la altura cuando enfrentó a Brock Lesnar en WrestleMania 32 y a Chris Jericho en los PPVs posteriores, refleja lo que el síndrome del Campeón WWE desencadena: no hay flexibilidad con el comportamiento del ‘líder’ de la empresa.

Se puede discrepar al momento de buscar culpables, porque se barajan varias posibilidades: las historias sin sentido, el manejo inadecuado de los personajes, el repetitivo molde de un campeón invencible, entre otros. Puede que la directiva sea culpable por no construir bien a una Superestrella como Campeón WWE, o puede que los aficionados sean culpables por darle la espalda a uno de sus consentidos cuando este finalmente alcanza la cima.

Sin embargo, hay algo que reposa sobre esa última idea que la empresa de Vince McMahon no ha logrado comprender del todo: los fanáticos tienden a ser muy cambiantes con los luchadores que apoyan y respaldan.

Rollins vs. Ambrose - MITB 2015

Hay un momento de clímax en que una determinada Superestrella debe dar el salto al protagonismo estelar, y el de Dean Ambrose era en Money in the Bank… pero en 2015.

Tal vez fue una paradoja de la vida que se le compensara con el campeonato mundial en la edición 2016 del mismo PPV, pero lo cierto es que, ahora, El Lunático Radical debe cuidarse de no caer enfermo por el síndrome de ser el Campeón WWE y acabar destruyendo el interés de los fanáticos por su personaje.

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