El encuentro entre David y Goliat ha representado por siglos la posibilidad de victoria del desvalido contra el poderoso, “no hay enemigo pequeño” reza el adagio. El 12 de febrero de 1984 sucedió una batalla de tal envergadura que fue llamada por los medios impresos de la época como el nuevo choque entre David y Goliat.

El gigante sí que lo era, la mole humana media dos metros veinticuatro centímetros y pesaba doscientos cuarenta kilogramos. Su nombre de batalla: André El Gigante, pero el David no era en absoluto pequeño. Nuestro imponente campeón de un metro ochenta y tres centímetros de estatura y ciento diez kilogramos de masa corporal, sólo parecía menor en comparación al supuesto Goliat.

¿David contra Goliat o Heracles contra el gigante? — La hazaña de Canek 2

Una diferencia todavía más importante es que la presumida hazaña del pastorcillo carece de bases. Un hombre de casi tres metros seguramente debía ser muy pesado y por más fuerte que fuese, llevar sobre sí una armadura y empuñar una espada, sin duda, era demasiado. En cambio, el contrincante era sólo un niño, ligero y hábil con la honda. Ni siquiera necesitó acercarse para combatir al monstruo. Desde una distancia segura debió soltar la piedra que partió el cráneo al enorme filisteo.

El choque de éstos otros fue cuerpo a cuerpo. No se parecía en nada al relato bíblico. Recordaba más un episodio de la Gigantomaquia en el que Heracles ayuda a los dioses del monte Olimpo. Sí, esa era la imagen, un hombre con la valentía y la fuerza para enfrentar a un gigante al que levanta y gira para lanzarlo al vacío. No era un pastorcillo sino un héroe.

No había un desamparado esa tarde en el Toreo de Cuatro Caminos. Veinte mil personas acudieron porque creían en el mexicano. Su Campeonato Mundial de Peso Completo de la UWA estaba en juego y cuando el gigante le sujeta, Kaan Ek (la serpiente negra) parece atrapada por las garras de un oso grizzli. Al puro estilo mexicano, ayudado por las cuerdas se deshace del candado a la cabeza con una yegua voladora.

Patadas sobre la enorme masa que yacía en el piso no fueron suficientes y la serpiente se enrosca en el brazo del monstruo sin poder doblegarlo. Cuando éste se lo sacude y va a buscar fuera del encordado, el enmascarado es sorprendido por una tarima que da de lleno en su cabeza. La ley consigna el hecho y la primera caída es para Canek.

La siguiente caída fue sólo el prólogo a la imagen apoteósica que heredáramos para la historia de la lucha libre mexicana. Luego del castigo inmisericorde de André, el príncipe encontró un respiro al realizar una pasada de lado increíble al gigante, para proceder a escalar hasta la cima del cuadrilátero y arrojarse en plancha para comenzar a firmar la derrota del extranjero.

Entonces Canek lo levanta y azota de frente sobre el ring y remata con un sentón sobre la humanidad del coloso, que frustrado no encuentra más recurso que dar un golpe prohibido al guerrero maya. La falta cuesta al galo la lucha, pero la afrenta la pagaría con la humillación de sentir su propio peso levantado por los aires y arrojado con furia sobre el enlonado cuando la contienda oficialmente ha terminado.

 

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