En el medio luchístico (gladiadores, aficionados y comunicadores) estamos devastados por la noticia del fallecimiento de Pedro Aguayo Damián, el célebre Perro Aguayo. Como muy pocas veces medios que nunca mencionan la lucha libre han dedicado la nota al lamentable suceso. En algunos casos enfocan más la noticia a la tragedia en la que murió Hijo del Perro Aguayo, pero en la gran mayoría (afortunadamente) se han enfocado en los méritos del tremendo luchador que en la mejor etapa de su vida fue Pedro Aguayo Damián.

Fallece el rudo inmortal Pedro «Perro» Aguayo

¿Por qué «uno más que se nos adelanta» puede pegar tanto y tan profundo en todos? La respuesta es simple: No fue uno más.

SÚPER LUCHAS me ha encargado el reto de condesar los méritos y tropezones de «don Perro» para celebrar, aunque con tristeza, las más de tres décadas de trayectoria luchística del mejor luchador mexicano que jamás necesitó una máscara para ser quién fue.

La historia de la lucha libre mexicana tiene muchos antes y muchos después: Antes del Santo, después del Solitario, antes de Antonio Peña, después del Místico. Pocas veces se reflexiona sobre los hilos conductores que nos llevaron de una época a otra hasta que suceden tragedias como las que hoy nos ocupa. Es que de verdad, la historia que se tejió entre la llamada época dorada de la lucha libre, la época de plata y la lucha libre moderna tiene a muy pocos conectores como Perro Aguayo.

Gran Markus, Perro Aguayo y Alfonso Dantés vs. Mil Máscaras, Raúl Mata y Ringo Mendoza
Perro Aguayo castiga los brazos del trotamundos Raúl Mata (2 de diciembre de 1977).

Su mote, como en el caso de Lizmark ─y de muchos mexicanos─ viene por un error ortográfico del que tenía que escribirlo bien: en lugar de «Pedro», el diseñador de los programas a finales de los sesentas en una arena de la periferia de Guadalajara entendió «Perro», y Perro se quedó.

Mucho antes, el niño que había sido nombrado por sus padres Pedro, tuvo que dejar junto a su familia su natal Nochistlán, Zacatécas para migrar, como tantos a las grandes ciudades. Y como tantos más infantes en este país tuvo que trabajar para apoyar a la familia. Primero de ayudante de zapatero, también de chalán de panadero y otros oficios hasta que alguien lo vio rajársela con otro a los trancazos.

El futuro can comenzó a boxear, y no era malo, al contrario, pero la paga era mínima a pesar de su poder. Entrenando para otra pelea alguien le sugirió cambiar a la lucha libre, el aún joven Pedro optó por diversificar. Su primer entrenamiento lo definió en sus memorias como aplastante: recordó más de una vez que estuvo una semana en cama después de sus primeras enseñanzas en la lucha libre. El sello que definió el resto de su vida deportiva nació ahí: la sed de no ceder, de no rendirse, la de seguir y enfrentar a todo lo que se le ponga enfrente… y vencerlos.

Es difícil definir cuándo debutó de manera profesional. Eran finales de los sesentas y no era tan simple tener ese tipo de datos, pero lo que sí es fácil saber que antes de que él mismo reparara en el hecho, ya era Perro Aguayo. Uno de sus grandes mentores fue el Gran Jefe Dedos Chuecos Ray Mendoza, quién lo encomienda a pulirse a la escuela de escuelas, la de Cuahutémoc «Diablo» Velasco. Por eso el joven que alguna vez aspiró a ser panadero, zapatero y boxeador terminó como un gran luchador.

Perro Aguayo vs. Mano Negra
Perro Aguayo y Mano Negra (11 de septiembre de 1983).

Ya para 1970 había comenzado a despuntar en arenas como la Oblatos, donde ganó sus primeras luchas de apuestas (Chucho Villa y Chico Cortez se disputan el hecho de haber sido los primeros rapados por el famoso can, es difícil saber a ciencia cierta estos detalles), el buen historiador de nuestra página Teddy Centinela, recuerda que las funciones normales de la Arena Coliseo de Occidente, en Guadalajara, se pasaban a la Arena Oblatos, para que el magno coso de los Lutteroth sirviera como casa de eventos como el Holyday on Ice en las épocas que visitaban la capital tapatía.

Unos años después de foguearse en el famoso circuito del «Caballo Blanco» (Guadalajara-Mazatlan-Ensenada) el Perro Aguayo estaba listo para migrar al máximo circuito. En 1974 ya comenzó a llamar la atención, en sus manos estaban las cabelleras de Luis Mariscal, Karloff Lagarde y Carlos Mata, empezando a hacer campaña en las dos más importantes arenas de la empresa en la capital del país.

Fishman y Perro Aguayo vs. Enrique Vera y Gran Hamada
Hamada y Aguayo, viejos rivales, se volvían a encontrar (22 de julio de 1984).

Para mayo de 1975 había continuado una rivalidad de polendas con otro novato en la capital que comenzaba a despuntar: Ringo Mendoza. Desde años antes, ambos alumnos del Diablo Velásco ya eran los dueños de la taquilla en la Coliseo en Guadalajara, y habían disputado los Campeonatos Ligero, Welter y Medio de Occidente del país, por lo cual su lucha de cabelleras era la primera cúspide de ambos. Don Pedro ganó y siguió escalando de manera fugaz. Tres semanas después, el hijo más famoso de Nochistlán ganaba su primera cabellera internacional cuando derrotó a Marty Jones. En julio de ese año, otro capítulo entre él y Ringo se libraba, cuando, una vez más lo derrotaba por el Campeonato Mundial de Peso Medio NWA. Nadie lo detenía, nadie podía con la fiera llamada Perro Aguayo, nadie. Sólo había una frontera más: Santo, el Enmascarado de Plata.

El duelo contra el máximo ídolo que ha dado la lucha libre nacional fue una lucha de completa época; un apasionado encuentro entre dos generaciones. El ambicioso joven zacatecano puso en jaque al plateado ganándole la primera caída de manera abrumadora. Santo replanteó el estilo y volvió a ser el rudo que fue durante buena parte de los años cincuenta para ganar la segunda. De acuerdo a Candadito, «Santo se volvió más perro que Aguayo», y durante la tercera la tónica de rudezas no disminuyó entre ambos. El can rasgó la máscara de Santo, pero éste se volvió más bestia. Aguayo cometió un error al intentar salir en tope, Santo embistió con su tope atómico y tres segundos después era declarado ganador, rapando por primera vez al Perro.

Perro Aguayo
Así lo decía la revista El Halcón: «Un aspecto en verdad impresionante presentaba el Perro Aguayo (o la nueva estrella de la lucha libre mexicana). Este viernes, si no cambian planes, debe desquitarse con creces de Marty Jones» (6 de junio de 1975).

Aunque salió derrotado, la carrera de Aguayo siguió creciendo y se convirtió en el rudo a vencer en la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL). Lastimosamente sí fue vencido varias veces en ese periodo: Ringo Mendoza se sacó la espina y lo derrotó en la Coliseo tapatía, también El Faraón, Ringo y El Faraón en conjunto (con Joe Polardi haciendo mancuerna con Aguayo), El Solitario y René Guajardo, propinaron reveces al Perro. En esa época Aguayo migró al terreno independiente manteniendo su estatus de estrella ruda y comenzando una de las rivalidades que más lo definiría en su vida, contra Sangre Chicana.

La intensidad de ambos gladiadores rudos hizo que sus enfrentamientos se volvieran en clásicos y durante la década de los ochentas apostaron las cabelleras en cuatro ocasiones (dos ocasiones en la Arena México, Toreo de Cuatro Caminos y Auditorio Fausto Gutiérrez de Tijuana), teniendo un saldo positivo para Aguayo de tres a una.

Perro Aguayo y Baby Face
Perro Aguayo ayuda a su socio, Baby Face (18 de mayo de 1980).

También en 1981 Aguayo consiguió el título que más lustre le dio, el Campeonato Mundial de Peso Semicompleto WWF, el cual disputó en un torneo en Japón para coronar al primer monarca, venciendo en la final a Gran Hamada. Aguayo ostentó el título en siete ocasiones, defendiéndolo ante lo más granado del mundo.

En los ochentas su carrera brilló obteniendo triunfos importantes como las máscaras del Desertor en Guatemala, los Black Power I y II (de la mano de su odiado enemigo, pero mejor complemento, Villano III) en El Toreo, Diablo Rojo en Villahermosa y el Globo Humano, también en El Toreo; además de las cabelleras de Tony Salazar, Negro Navarro, Texano, Kato Kung Lee, Scorpio, Baby Face, Gran Markus, Ultramán, Luis Mariscal, El Indómito, Adorable Rubí y Lobo Rubio. En contra, además de Chicana, sólo El Faraón y Villano III lo pudieron rapar en más de diez años.

Perro Aguayo
Perro Aguayo (15 de mayo de 1988).

Poca gente como Aguayo ha entendido los tiempos dentro de la lucha libre, no sólo en el cuadrilátero, sino también fuera de él. Y así como a finales de los setentas se volvió independiente trabajando de igual manera para Promociones Mora (El Toreo) y la EMLL, en los noventas decidió volverse luchador de tiempo completo con los Lutteroth y comenzar la rivalidad que lo definiría durante toda esa década, Konnan. Atrás de todo esto estaba el joven programador del CMLL, Antonio Peña, quien vio en ambos gladiadores su punta de lanza para comenzar la aventura que se llamaría Triple A.

Contra Konnan dividió triunfos, primero el Can develó la incógnita de Carlos Santiago Espada, después este le ganó la cabellera para que poco después ambos comenzaran aliados una cruzada contra los hermanos Dinamita, la cual tuvo su punto más álgido en la primera Triplemanía en la Monumental Plaza México, mientras Konnan era retirado por Cien Caras, el Perro salía con la mano en alto ganando la capucha de Máscara Año 2000. Su popularidad estaba en los cuernos de la luna; pocos deportistas han conseguido el reconocimiento popular que Aguayo tuvo en esa época, canciones de música popular se escribían contando las hazañas del can de Nochistlán. Su rostro lleno de las cicatrices de sus combates vendía miles de revistas;la televisión volteó como nunca a la lucha libre para ver lo que Aguayo podía lograr en la jaula de doce cuerdas. Pongámoslo así: Perro Aguayo se volvió en México más famoso que los Beatles.

Perro Aguayo y Octagón ayudan al Hijo del Santo
Perro Aguayo y Octagón ayudan al Hijo del Santo (7 de mayo de 1993).

Ya en 1995, Perro Aguayo decidió poco a poco ceder su lugar, pero a quién más se lo iba a ceder sino a su hijo. Con sólo quince años de edad Hijo del Perro Aguayo tomó la alternativa de manos de su padre y poco a poco comenzó a tomar su lugar en los turnos estelares de la Caravana.

Para que no afectar ni opacar la carrera de su junior, Aguayo decidió dejar Triple A a finales de los noventas y volver al terreno libre, aunque principalmente trabajó en el CMLL, también tomó luchas en empresas independientes, tal fue el caso de X-LAW, la primera empresa extrema de México, comandada por nuestro Editor en Jefe, Ernesto Ocampo, quién recordó a Perro de está manera:

Y como bien recuerda nuestro Editor, el fin de la carrera del Perro estaba cerca, y Universo 2000 la tajó con aquel brutal martinete el 30 de marzo de 2001.

Perro Aguayo e Hijo del Perro Aguayo
Perro Aguayo con su vástago (30 de abril de 1995).

Pero era imposible que su carrera terminara así, con una derrota. Cuatro años después, ya muy menguado físicamente, Perro Aguayo volvió a subirse al ring para enfrentar a sus viejos rivales: Cien Caras y Máscara Año 2000, pero esta vez acompañado de un Hijo del Perro Aguayo quién pasaba el mejor momento de su carrera, así, el 18 de marzo de 2005, Perro Aguayo tendría su última cruzada saliendo victorioso ante sus acérrimos rivales y acompañado por su más que digno sucesor.

Perro Aguayo vs. Villano III
Perro Aguayo vs. Villano III (10 de abril de 1983).

Perro Aguayo vivió en vida miles de homenajes por demás merecidos, sin embargo la tragedia que involucró la muerte de su hijo lo volvió una persona muy callada y alejada de la lucha libre. Pero su legado queda como el de uno de los más grandes luchadores que ha pisado los cuadriláteros en todo el orbe.

¡El Perro Aguayo vivirá por siempre!

Perro Aguayo
Perro Aguayo, nuevo campeón (22 de abril de 1979).
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