La escena independiente se encuentra quizás en el mejor momento de su historia. O al menos, en su era de mayor exposición, gracias a páginas como por ejemplo IndependentWrestling.TV. Y una de las promociones en boga este 2019 ha sido Game Changer Wrestling, fundada hace cuatro años y con base en New Jersey, que algunos comparan con la extinta ECW original, seguramente por el gusto que sus responsables tienen por lo extremo, en especial recogiendo la tradición nipona de los «Deathmatches».

Aunque igualmente dan cabida a estilos menos sangrientos, como pudo verse en el cartel de su reciente evento «navideño» ‘Jimmy All The Way’ del pasado día 26, con un Jordan Oliver vs. Blake Christian que parece haberse convertido en el nuevo Will Ospreay vs. Ricochet del Best of the Super Juniors XXIII. He aquí la secuencia viral de la polémica.

► Blake Christian vs. Jordan Oliver y los «fuegos fatuos»


Y si en 2016 Vader y otros veteranos de la industria criticaron a Ospreay y Ricochet por un supuesto exceso de florituras (en lo que, obviando esto, resultó un excelente choque), ahora fue el turno de otro dinosaurio: Jim Cornette.

La lucha libre en 2019 — Un ring de 12 pies con dos chicos de 150 libras haciendo una rutina coreografiada de baile & 84 ‘fans’ reaccionando como si vieran un Ali vs. Frazier. Siento pena por la gente que le gusta esta basura, pero seguiré señalando cómo esto es una vergüenza para el deporte.

Cornette no puede dar precisamente lecciones acerca de actos vergonzantes, después de su salida de NWA a causa de unos comentarios racistas y su total falta de arrepentimiento a posteriori. Aunque un servidor suscribe parte de sus palabras. No ya en lo referido al despliegue atlético, pues en los 90 Jushin Thunder Liger, Rey Mysterio o RVD ya enfurecían a estos mismos dinosaurios, y hoy dichos gladiadores son considerados auténticas leyendas.

Blake Christian vs. Jordan Oliver

El problema reside en la falta de narrativa de la que hacen gala una vasta cantidad de combates «indies» hoy día, como señalé en mi artículo reciente acerca del hito que supuso el último Shawn Michaels vs. The Undertaker; un símbolo de todo lo contrario.

Pero a pesar de todo, el «boom» de las «ligas menores» continúa imparable, y AEW supone la representación «mainstream» de tal tendencia. Si bien los Élite ya han reconocido que para llegar al gran público, bajo una cadena de televisión como TNT, deben ofrecer algo más que buenos combates. De nuevo, la diatriba entre libertad o crecimiento.

Tal vez por la inmediatez de esta era de la infobesidad o por el déficit de atención cada vez mayor de las nuevas generaciones, la lucha libre parece verse en la necesidad de causar un impacto inmediato, pasando a convertirse en un acto de epilepsia programada, cuales fuegos fatuos de la novela It, intentando enganchar al espectador de esta manera, en detrimento de apostar por las historias. De ahí la brillantez del Jordan Devlin vs. David Starr del quinto aniversario de OTT, una rara avis dentro de la escena independiente.

Hablamos de